Arte desnudo

Por Jotamario Arbeláez
 
  En un país donde nos retiran el sexo y la violencia de la televisión porque con lo que vemos y vivimos en la calle y en la cama debemos tener bastante, quienes ya no salimos de la casa sino para asistir a alguna exposición de pintura aspiramos a que por lo menos allí podamos encontrar algo donde recostar la libido. Algo de sexo pintiparado para que la violencia quede reservada a los precios. Pues nada hay más inaudito proviniendo de una santísima providencia de la justicia que parangonar el sexo con la violencia para hacerlos objeto de parejo veto y rechazo.

Creo que el sexo es lo único que nos salva de la agresividad del poder y el canibalismo del capital. Y si está envuelto en arte, el erotismo puede subírsenos de la cabeza al espíritu para hacer moñona. Lo obsceno no es el sexo, lo obsceno es la violencia, escribió Henry Miller sobre una nalga.

La recreación obscena en el arte no sólo es lícita sino también salvadora. De Pompeya no se salvaron sino los falos pintados en los escombros. Aunque el desnudo per se no es erótico -según aguda observación de un crítico rijoso-, es bien regocijante contemplar las modelos que circulan por una exposición sin una sola pluma. Los apetitos desordenados son los más dignos de saciar. Ya que no está de moda y es peligroso salir de putas, pues vámonos de desnudos a una galería de arte desafiando las bombas del parqueadero.
 
 
Eso es lo que viene a hacer cada tarde la gente de aire novelero y altas expectativas estéticas en el explosivo taller de artes nacido del ya exhausto espíritu erótico de Guinard. Allí están los eternos homos eroticus en su festival posmoderno: Granada, Góngora, Giangrandi, Rendón Augusto y Rendón Jaime, Loochkartt, Hernández, Saturnino, Bettelli, Sierra, Bouhot, Tello, Franco, Salcedo, Esparza, Posada, Vanegas, Correa. No hay con que pagar la belleza cuando lo invita a uno a interiorizarla. Es como hacer el amor con ella contemplar esta obra despojada de nudos a la mirada.

Algún día la violencia será erradicada de la faz de la tierra por obra y gracia del arte y del erotismo. Y los artistas del sexo ocuparan los altares de donde habrá descendido la continencia.

Publicado en El periódico El Tiempo de Bogotá, Página 15, domingo 18 de Julio de 1993
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