ARTE EN AMÉRICA HISPANA
Fernando Guinard.
LEGIS S.A.
Bogotá, 2001. 27 x 21.5 cm
 
ARMADURA PARA SABLES ENVENENADOS
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Por Fernando Guinard

«La gente descubre en la pintura cosas que uno no pone en ella»
PABLO PICASSO

«El artista es un genio creador de formas nuevas que repetidas dan lugar al estilo, gracias a las cuales comunica a los simples contenidos representativos un significado diferente, que es la categoría de arte».
MARTA TRABA

El creador más extraordinario es el Dios supergaláctico y superdimensional; el que creó las estrellas luminosas y las oscuridades misteriosas; el que creó los átomos y sus diferentes reacciones; el que creó los bosques con sus ríos, texturas y colores; el que creó a las mujeres rojas, blancas, negras y amarillas, con formas que se pueden acariciar, umbrales que se pueden penetrar y movimientos que se pueden compartir; el que creó los objetos, las esculturas vivas, las vibraciones, la realidad y la locura; el que creó a los creadores, a los artistas que inmortalizan el espíritu de los pueblos que no es más sino su cultura.

La cultura o la alta cultura, la de las vanguardias, defendida por los ortodoxos de la universalidad del arte, se contrapone a las culturas de quienes defienden el espíritu de los pueblos sojuzgados y explotados.

Otros piensan que cada acto creativo es un evento único, individual e independiente de los conceptos que se tengan sobre el arte y la cultura. Otros opinan que la obra de los creadores, si logra trascender el último segundo del calendario cósmico, es la que de verdad merece vivir, a pesar de que el dios Cronos todo se traga, hasta los desamores y las almas perdidas. Otros consideran que la creación artística consiste en derramar la interioridad, el espíritu o el alma, con una gran calidad formal y un profundo contenido expresivo que los diferencia de aquellos farsantes a los que Cronos se les tragó el alma.

Picasso, el inventor de formas y superformas, cuando tenía 83 años y no tenía nada que perder, dijo:

«Cuando yo era joven, igual que todos los jóvenes, tuve la religión del arte, del gran arte; pero con el correr de los años me he dado cuenta de que el arte, tal y como se le concebía hasta el final de 1800, está ya acabado, moribundo, condenado, y que la pretendida actividad artística, con todo su florecimiento, no es más que la manifestación multiforme de su agonía (...) Nosotros ya no sentimos el arte como una necesidad vital, una necesidad espiritual, como era el caso de los siglos pasados.

»Muchos de entre nosotros siguen siendo artistas y ocupándose del arte por unas razones que tienen muy poco que ver con el verdadero arte, sino por espíritu de imitación, por nostalgia de la tradición, por inercia, por el gusto de la ostentación, del lujo, de la curiosidad intelectual, por moda o por cálculo. Viven todavía por costumbre y por esnobismo, en un reciente pasado, pero la gran mayoría de ellos, en todos los medios, no tienen ya una pasión sincera por el arte, al cual consideran, todo lo más, como una diversión, un ocio y ornamento.

»Las nuevas generaciones, amantes de la mecánica y del deporte, más sinceras, más cínicas y brutales, irán dejando el arte poco a poco relegado a los museos y a las bibliotecas, como una incomprensible e inútil reliquia del pasado. En el momento en que el arte ya no es alimento de los mejores, el artista puede exteriorizar su talento en toda clase de tentativas de nuevas fórmulas, en todos los caprichos y fantasías, en todos los expedientes de la charlatanería intelectual. El pueblo ya no busca ni consuelo ni exaltación en las artes. Y los refinados, los ricos, los ociosos, los destiladores de quintaesencias buscan lo nuevo, lo extraordinario, lo original, lo extravagante, lo escandaloso. Por mi parte, desde el «cubismo» y más lejos aún, he contentado a esos señores y a esos críticos con las múltiples extravagancias que me han venido a la cabeza, y cuanto menos las han comprendido, más las han admirado. A fuerza de divertirme con todos esos juegos, con todas esas paparruchas, esos rompecabezas, acertijos y arabescos, me hice célebre rápidamente. Y la celebridad significa para un pintor: ventas, ganancias, fortuna, riqueza. En la actualidad como sabéis, soy célebre y muy rico. Pero cuando estoy a solas conmigo mismo, no tengo el valor de considerarme artista en el sentido grande y antiguo de la palabra.

»Ha habido grandes pintores como Giotto, Ticiano, Rembrandt y Goya. Yo no soy más que un bufón público que ha comprendido su tiempo. La mía es una amarga confesión, más dolorosa de lo que pueda aparecer, pero que tiene el mérito de ser sincera».

De todo hay en el proyecto Arte en América Hispana.

Con la complicidad de los espíritus de los creadores, quienes con su energía nigromante han permitido que nos introduzcamos en sus vidas y en sus obras, que son el reflejo de sus almas; con la complicidad de sus herederos, que con suma generosidad han abierto sus brazos para el disfrute estético; con la complicidad de los creadores latinoamericanos que nos acompañan en este proyecto, de los museos, fundaciones, embajadas, ministerios de cultura, galeristas, críticos de arte, escuelas y academias de artes, y todos aquellos que hicieron posible la realización de este proyecto; se ha logrado también impregnar el espíritu de las diferentes corrientes estéticas del siglo XX.

En pocas palabras, de cada quien, según su capacidad, a cada quien, según el nivel de su sensibilidad, de acuerdo a su educación y a su concepción de la cultura.

Paz y amor.

PALABRAS DEL POETA JOTAMARIO ARBELÁEZ EN LA PRESENTACIÓN DE LA AGENDA ARTE EN AMERICA HISPANA, EN EL CLUB EL NOGAL DE BOGOTÁ, EL DÍA MIÉRCOLES 1 DE AGOSTO DE 2001.

Por un desdichado y aparatoso accidente ocurrido al cambiar las pilas de mi agenda digital en un concesionario autorizado de Casio, perdí toda la memoria telefónica capturada a lo largo de mi vida, quedando prácticamente en el limbo, pues desaparecieron en el éter mis proveedores de todo tipo. Desde entonces, por pura imposibilidad comunicativa y para solaz de mi familia, me tocó retirarme del mundo de los negocios, cortar con los jíbaros y retornar con las piernas entre el rabo al redil de la fidelidad conyugal.

Eso no volverá a pasarme, me he prometido, y para ello me propuse volver a la clásica agenda impresa en papel que, como sucede con el libro, jamás será reemplazada por esos sofisticados artefactos electrónicos de filiación cancerígena. Con tan buena fortuna que ayer me cayó Guinard a casa, donde me embriagaba con un auténtico té de jazmines en compañía de mi joven esposa, tan ardiente como la infusión oriental, y me hizo entrega de la agenda LEGIS 2002, Arte en América Hispana. Con el arte, por lo menos, es con lo único que no he cortado
.
Decíamos ayer, y me refiero al siglo pasado, en este mismo sitio, con este mismo trago al que no se le ha acabado de derretir el hielo, presentando la agenda Cien años de Plástica en Colombia, y refiriéndome a la alianza de Fernando Guinard con LEGIS para producir tal agenda, que hasta el demonio y el buen Dios unidos jamás serán vencidos y podrán hacer obras memoriosas en medio de la hecatombe. El demonio era, desde luego, Guinard, graduado en artes marciales eróticas y pictóricas en la Academia del Marqués de Sade, y quien después de un arduo batallar logró colarse a la sombra del árbol del paraíso, que es LEGIS entidad impresora de luz a quien indujo en la tentación de producir seductoras manzanas editoriales.

No nos acompañaba entonces, como hoy, el gran Tito Livio Caldas por encontrarse visitando al presidente Menen, y nacionalizándose en ese país, tal vez en el convencimiento de que Dios sólo puede ser argentino. Pero estaban los otros dos integrantes de la trinidad apasionada por el arte impreso, como son Juan Alberto Castro, Presidente de LEGIS y Luis Humberto Sáenz, Gerente de la Unidad de Agendas. La alianza ha sido fructífera, y ya superada la etapa de la guerra que asoló a Colombia por tantos años, merced al triunfo de la selección en la Copa América y a la cortina de humo desatada con la morena de Yotoco al concurso de Cartagena por tener el mal gusto de pedírselo a Ño Raimundo, vemos cómo aparece la deslumbrante segunda versión de la Agenda. Es un bocado estético tan deleitable como el primer bocado que le pego Eva a la manzana y Adán a Eva. Sobre el contenido los remito al prólogo escrito por Fernando Guinard a dos manos con el pintor malagueño Pablo Picasso, Armadura contra sables envenenados, donde vemos que se ha operado la conversión, pues el antiguo Patas comienza reconociendo como “el creador más extraordinario al Dios supergaláctico y superdimensional, el que creó a los creadores, a los artistas que inmortalizan el espíritu de los pueblos, que no son otra cosa sino su cultura”. Si el arte y la cultura han de servir para que el espíritu vuelva a nosotros, recibamos como un objeto ritual esta agenda de maravilla. La nómina de los pintores latinoamericanos es tan respetable por cuanto cuenta con todos. Y en la selección colombiana registro complacido la presencia de jóvenes valores como Luis Cabrera, Ipiales 1960, con el desnudo Marina Narcisa apoyado en el árbol de conocimiento al cual uno no puede sino sucumbir en la tentación de contemplarse en su pozo. Germán Londoño, Medellín 1961, con una espectacular Náufraga y fantasma de náufrago, figurativismo libre con humor maligno que regocija, por cuanto contrasta con la artificial fantasmagoría de las momias del conformismo. Hernán Darío Correa, Bogotá, 1962, un pintor tan erótico que construye sus pinceles con los pelos del pubis de sus modelos y por eso nos presenta una Mujer en el balcón, completamente rasurada mientras contempla a Picasso desde un balcón fracturado. Y
adelante Fernando Maldonado, en quien veo al más impactante conductor del misterio plástico con imágenes humanísticas de terror cósmico mezcladas con la ternura de la soledad y el desasimiento.

Felicitaciones a LEGIS, con quien estará en adelante no sólo mi corazón sino mi pluma –atendiendo la cordial solicitud de su presidente-, y ese ángel antes caído y ahora levantado y vuelto a emplumar que es Fernando Guinard.

P.D. Esta noche comenzaré a apuntar en mi agenda números telefónicos de negocios, y de los otros. Para eso cuento con mi estilográfica japonesa. Muchas gracias.

ARTISTAS INCLUÍDOS

Alejandro Aróstegui - Myrna Báez - Ernesto Barreda - Pablo Beteta - Arturo Borda - Jacobo Borges - Claudio Bravo - Luis Cabrera - Carlos Gonzalo Cañas - Pablo Cardoso - Jaime Colson - Martha Colvin - Hernán Darío Correa - Carlos Cruz Díez - Luis Desangles - Camilo Egas - Carlos Enríquez - Dino Mario Fanconi - Lola Fernández - Raquel Forner - Cecilio Guzmán de Rojas - Ramiro Jácome - Frida Khalo - Wifredo Lam - Clara Ledesma - Germán Londoño - Fernando Maldonado - Roberto Sebastián Matta - Rosa Mena Valenzuela - Carlos Merida - Armando Morales - Marina Nuñez del Prado - María Luisa Pacheco - Amelia Peláez de Casal - Emilio Pettoruti - René Portocarrero - Diego Rivera - Efraín Recinos - Armando Reverón - Francisco Rodón - Armando Roche Rabel - José Miguel Rojas - José Sabogal - Alfredo Sinclair - Xul Solar - Jesús Rafael Soto - Lino Enea Spilimbergo - Fernando de Szyszlo - Rufino Tamayo - Francisco Toledo - Rafael Tufiño - Guillermo Trujillo.
 
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Claudio Bravo
(Valparaiso, Chile 1936)
Tentaciones de San Antonio, 1984. Óleo sobre tela
238.6 x 188.9 cm
Colección: Museo Nacional de Bellas Artes
Santiago, Chile
Frida Khalo
(Coyoacán, 1907- México, D.F 1954)
La columna rota, 1944
40 x 30.5 cm.
Colección: Fundación Dolores Olmedo, México
Francisco Rodón
(San Sebastián del Pepino, Puerto Rico, 1934)
Alicia Alonso, 1983
Óleo sobre lienzo
235.1 x 176 cm.
Colección del artista.
         
Camilo Egas
(Quito, Ecuador, 1889-1962)
Calle 14, 1937
Óleo sobre tela
100 x 137 cm.
Colección: Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito.
 
Armando Morales
(Granada, Nicaragua, 1927)
Tres bañistas desvistiéndose.
Óleo sobre tela, 162 x 130 cm.
Fotografía: Cortesía Galería ClaudeBernard
Paris, Francia
 
Fernando de Szyszlo
(Lima, 1925)
Camino a Mendieta, 1999
Acrílico sobre lienzo
         
 

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