César Bertel. Viajero con sus jardínes nómadas

 Por Fernando Guinard

       
 

César Bertel no es un arrogante del siglo XXI, tal vez podría ser un pintor que le da voluptuosidad y vida a la misteriosa frialdad de la penumbra, podría ser un pintor abstracto de las selvas y los manglares del trópico, porque al fin y al cabo toda pintura es una abstracción de la realidad, También podría ser un pintor muy concreto, porque su pintura es la imagen que está grabada en su retina, desde su infancia, cuando deambulaba por las costas de Santa Marta y Cartagena y observaba los manglares de suculentas raíces que daban vida a un mundo que ya se convirtió en un cadáver insepulto; su pintura es también la huella de su vida de adulto cuando exploraba las junglas y captaba con su ojo fotográfico y artístico los cambios en la luminosidad, la reflexión y refracción de la luz en la vegetación y en las aguas inmaculadas.

Sus acuarelas son el reflejo del hombre que es, porque hay que ser muy valiente, a estas horas de la vida, para pintar paisajes a la acuarela, hay que ser muy libre para no tragarse entero el cuento de que la pintura está muerta, y que el tema del paisaje ya huele a mortecino, y que la madre selva no es un manantial efímero de sensaciones luminosas, y que el grosor del aire no es un fenómeno plástico.

La espesa vegetación y la gama de verdes no tienen espíritu botánico, ni científico, ni descriptivo, es una bella pintura de la naturaleza, es una percepción de ese mundo misteriosos plagado de bramidos, quejidos, susurros, donde acechan las fieras y los humanos.

Como buen expedicionario y explorador de la agonizante selva tropical, Bertel ha captado a la madre tierra en el momento de su esplendor, con su carita cubierta de humedad y sus cristalinas arterias.

Bertel, sin usar estimulantes selváticos que alteran la percepción, como el yagé, captura al instante los amaneceres, los ocasos, las penumbras, se apropia del fervor atmosférico. No es un romántico que se expira en la exuberancia, no es un naturalista que reproduce la realidad, es un apropiacionista del objeto creado por la madre tierra, de la selva, de su luminosidad cambiante y fugitiva que transfigura en raudales de color perfumado, descontextualizando la escena y sacándola de su entorno natural para llevarlas a pasear por las selvas de cemento impregnadas de contaminación y teóricos dogmáticos que quieren robarse la mismidad.

Por eso viaja con sus jardines nómadas.

Texto publicado en el catálogo César Bertel, Acuarelas, selvas y manglares, 2006.

 
Fragmento publicado en la exposición de César Bertel en el Museo de Arte Moderno de Cartagena y en el Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo de Santa Marta, con textos de Guatavo Tatis Guerra, Darío Ortiz Robledo, Eduardo Márceles Daconte, Javier Mejía, Miguel Iriarte y Álvaro Suescún Toledo.
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