“¿Una forma humana, es una figura, un anagrama del cuerpo?
Sí,  pero de nuestro cuerpo erótico”.
Roland Barthes.

“No hay nada más “verbal” que el exceso de la carne (…)
La descripción reiterada del acto carnal no solamente da cuenta
de la transgresión, es ella misma una transgresión del lenguaje”.
Pierre Klossowski.

“Lo más bello que hay en los hombre viriles es algo femenino;
Lo más bello que hay en las mujeres femeninas es algo masculino...”
Susan Sontag.

 
Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia
 
     
Lo femenino y lo masculino determinan nuestra condición humana mediada por el cuerpo. Las relaciones que se desprenden de tal relación, los cruces que se generan del desdibujamiento de la frontera que les separa, hacen del cuerpo un lugar donde se encarnan los deseos, las pulsiones, las tensiones y contradicciones. Lo masculino y lo femenino se puede ver configurado en espacios cotidianos de la esfera pública como los baños, peluquerías, saunas, billares, etc. Lugares que acogen el cuerpo, lo ocultan, lo visten, lo desvisten, lo maquillan, etc. Esa condición mixta, hace referencia a la tolerancia y a la cohabitación en la diferencia de los cuerpos. Hace algunos años, la educación estaba determinada por esta diferencia de géneros: colegios de niñas y niños se separaban por los muros mentales de la educación conservadora con matices religiosos. La educación laica generó una amplitud de espacios mentales insistiendo en la igualdad de los sexos y en la educación mixta. Y la tan sonada liberación sexual de los años sesenta trajo consigo una presencia del feminismo y de géneros sexuales que se reclaman de la diferencia en la homosexualidad y el transexualismo.
Ricardo Arcos Palma
 

El cuerpo erótico tiene mucho que ver, no propiamente con una idea unificada de la anatomía, sino con una idea fragmentada de él mismo. Es el detalle, el fragmento lo que garantiza el surgimiento del erotismo en el cuerpo. “ El erotismo –nos dice Roland Barthes-, propiamente hablando, como podemos entenderlo de autores como Sade, hoy,  del psicoanálisis, no comienza -y no termina- que en el cuerpo parcial, despedazado, fragmentado, en el cual algunas partes son significantes: el cuerpo erótico no está de alguna manera jamás reunido. En publicidad, esto no está entonces al nivel de las pin-up girls y los play-boys, donde se pueda encontrar alguna huella de erotismo, sino en el muy discreto fetichista que aísla en ocasiones tal detalle del  cuerpo humano, una boca, una mano, un pie, una pierna, una cabellera”. En efecto, el cuerpo erótico alude más a la mirada que al cuerpo en sí. Aquí radica una gran paradoja. “La historia del ojo” (1928) de George Bataille ya nos había dado claves al respecto.

La literatura universal también ha dado grandes ejemplos como el famoso tratado “Ars Amandi y Reprobatis amori” de Ovidio que tanto influenció la Edad Media y el Renacimiento, donde encontramos relatos como el del inglés Geoffrey Chaucer: los “Cuentos de Canterbury” (1484) muy cercano en estilo a los relatos del italiano Giovanni Boccaccio: el “Decameron” (1351). La literatura moderna nos ha dado ejemplos inigualables como los de Giacomo Casanova, quien en un relato autobiográfico escrito en los albores de la Revolución Francesa, narra sus aventuras llenas del espíritu de la época, donde las nociones de libertario y libertinaje se confunden íntimamente. Por esta misma época “la filosofía en el tocador” (1795) y “Justine o los infortunios de la virtud” (1791) del marqués de Sade, crean una apertura del pensamiento y visión crítica de las prácticas sexuales solapadas bajo la mirada de la nobleza y el clero. Los relatos como los de Henri Miller y Anaïs Nin, ya entrado el siglo XX o los textos de George Bataille y Pierre Klossowski, D.H. Lawrence, nos dan la posibilidad de prever una segunda mitad del siglo XX llena de obras que aluden a esta vecindad entre el arte y el erotismo, donde el cuerpo deviene el lugar por excelencia del placer y ese “oscuro objeto del deseo”.

El arte nunca ha estado ajeno a la relación femenino-masculino, dentro la relación cuerpo y erotismo. Desde la época precolombina, antes que los misioneros católicos llegaran a estas tierras con su condena al cuerpo y a la sensualidad como paradigma religioso, culturas como la Tumaco, situada en las costas del Océano Pacífico colombiano, realizaban esculturas en cerámica que daban cuenta de su amplitud mental frente a la representación del cuerpo y sus prácticas eróticas. El famoso “Ars amandi” representado magistralmente por grabadores japoneses y las estampas del Cercano Oriente así como las figuras sagradas del arte hindú, son muestras palpables que el arte siempre ha estado cercano al erotismo. El arte europeo en particular el moderno, ha dado grandes muestras de la vecindad con el  erotismo: desde la “Maja desnuda de Goya” (1790-1800), hasta las pinturas de Salvador Dalí, las muñecas de Hans Bellmer y los travestismos de Marcel Duchamp –gracias a la complicidad de Man Ray-, en la primera mitad del siglo pasado y las películas de Andy Warhol como “Kiss” (1963), pasando por la pintura titulada “El origen del Mundo” (1866) de Gustave Courbet y los grabados de Pablo Picasso donde abundan este tipo de relaciones.

Corpus Eroticus, toma como antecedente la exposición “Masculin/Feminin” realizada durante la última década del siglo XX en el George Pompidou en París; exposición donde se revisaba históricamente la relación entre arte y erotismo en el arte moderno. Varios museos importantes, como el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid que desarrolló hace poco una exposición sobre este tema “Las lágrimas de eros”, han dedicado a pensar este tema, donde se puede reflexionar sobre el papel del erotismo dentro de la cultura. En nuestro país – inmerso en profundas raíces religiosas que han condenado el cuerpo y sus placeres -, lo sexual es considerado tabú. Pero el arte ha logrado cuestionar, criticar y abrir nuevas perspectivas frente a este tema.

En esta ocasión el público, podrá apreciar en el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia, una exposición que se fundamenta en las categorías estéticas de lo kistch y lo camp. La una como la otra cuestionan los fundamentos del buen gusto, del buen arte, del arte culto, etc. En esta época –de la inmaterialidad del arte-, donde se tiende a crear con facilidad juicios de valor sobre lo que es o no considerado arte, es importante insistir que la frontera que separa estos antagonismos es infraleve, transparente y prácticamente inexistente. Arte de mal gusto, puede insistir una cierta crítica al ver las obras de estos artistas, que son conscientes de esto, pues el buen gusto está aquí proscrito. En este sentido esta exposición insiste –como lo hacen lo kistch y lo camp-, en no ser serios y en que esta premisa: en asuntos de erotismo los gustos no cuentan.

Corpus Eroticus, rinde un triple homenaje: a los artistas Jim Amaral y Ángel Loockhart y al coleccionista Fernando Guinard, director del Museo Arte Erótico Américano MaReA. En los dos primeros casos se trata de artistas de gran trayectoria que tuvieron un auge y reconocimiento en la década de los ochenta, cuya obra se encuentra en prestigiosas colecciones y museos nacionales e internacionales. En el tercer caso se trata de una colección compuesta principalmente por artistas de los años setenta, ochenta y noventa principalmente, conformando un museo, inexistente físicamente cuya única sede es la Internet y que gracias a un dispositivo nomádico, utiliza las instituciones museales para desplegar su colección. Suerte de museo imaginario que nos permite pensar la noción del coleccionismo. Esta colección acentúa una estética bastante compleja que fusionaría de una u otra manera lo kistch y lo camp, acentuando el desdibujamiento de las fronteras.

Estas personalidades están inscritas dentro de un periodo importante de nuestra historia del arte, donde el arte trataba, en un contexto altamente politizado, de generar una mirada libertaria y libertina, frente a una sociedad inmersa –aún hoy, aunque en menor grado que ayer-, en preceptos conservadores y religiosos. Junto a estos tres personajes están varios artistas invitados como el francés Jean Da Silva, la rusa Natasha Gudermane, la australiana Julianne Rose y el francés Jeff Mezzetti (J&J) quienes participan con fotografía y vídeo; y los colombianos Germán Arrubla y José Orlando Salgado. La exposición estará complementada con obras -poco vistas por el público-, de la colección del Museo de Arte de artistas como Luis Caballero, Miguel Ángel Rojas y Mariana Varela quienes en la década de los setenta abrieron un terreno importante en el terreno del arte y erotismo. Todos estos artistas reflexionan plásticamente sobre el cuerpo como potencia erótica y como lugar de reflexión frente al desdibujamiento de las fronteras de los géneros.

El cine tampoco ha estado al margen de tales relaciones donde lo femenino y lo masculino se funden, se confunden, se amalgaman, se mezclan: Pier Paolo Pasolini, Tinto Brass, Nagisa Oshima, François Truffaut, Luis Buñuel, Brian Gilbert, Anne Wheeler, Luis Puenzo, entre otros. La exposición irá acompañada de un ciclo de cine erótico donde se proyectaran películas todos los días, de los principales realizadores de este género.   

Ricardo Arcos Palma

PhD en Artes y Ciencias del Arte, mención estética, Magister en estética y DEA en filosofía del arte y estética por la Universidad de la Sorbona Paris 1. Maestro en Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Ex-Director del Museo de Arte, actualmente es Director de la Maestría en Historia y Teoría del Arte, la Arquitectura y la Ciudad.

http://www.docentes.unal.edu.co/rjarcosp/

 

 
 
                     
     

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