Destellos del Festival de Arte

Por Alber Deylan
 
Muy pocas veces en el departamento se ven tan connotados personajes como los recientemente presentados en el Festival de Arte que se acaba de terminar en el municipio de Calarcá, al principio sólo era la expectativa, de inmediato el público comprendió que se trataba de un acontecimiento de alta categoría, allí estaban reunidos los grandes nadaístas colombianos demostrando que forman parte de un gran movimiento cultural nacional donde se comparte la música, el teatro, la pintura, la poesía y en sí todas las manifestaciones culturales.

Por espacio de tres días el teatro de la Casa de la Cultura Lucelly García de Montoya de Calarcá se vio colmado de un público que asistió, participó y se deleitó con cada una de las presentaciones ofrecidas por los cultores del arte.

Los poetas nadaístas ofrecieron lo mejor de su repertorio, cada verso era una página que llamaba a la vigencia, entre sus voces se sintió el eco con el mensaje perenne que de tiempo atrás se había querido escuchar. El acto teatral se convirtió en escena una auto concientización para el público.

¿y qué decir del especial musical en el momento de la clausura?, cada uno de los grupos entregaron lo mejor de ellos para dar un especial musical pocas veces visto en el departamento.
 
 


Allí estaba la poesía hecha canción, estaba el verso en escena, la palabra en poema, todo se conjugó en un acto que con altura se llamó “Primer Festival de Arte” y que tuvo como escenario principal al municipio de Calarcá, esto como una buena antesala de las fiestas aniversarios de la villa del cacique.

Fue grande el equipo que estuvo al frente de la realización del festival entre los que se encuentran Ruby García, Germán Ronderos y Fernando Guinard, ellos en todo momento contaron con el apoyo de Alba Jaramillo, Jorge Mario Salazar y el maestro de pintura Jaime Rendón.

Estas personas se entregaron de alma, corazón y vida para entregar cultura tanto a niños, jóvenes y adultos. No obstante, para seguir realizando este encuentro se requiere el compromiso tanto de la empresa privada como de las diferentes instituciones gubernamentales y no gubernamentales.

Fernando Guinard uno de los organizadores manifestó a La Crónica que “la experiencia en este primer festival fue muy satisfactoria por la gente que se conoció, por los artistas con los que se compartieron ideas, por la energía que se recibió de cada uno de ellos, pero lo más importante es que se sembró y cuando se siembra, se cosechan vientos o tempestades o amores. Cuando hay siembra todo continúa, evoluciona, crece, se expande hasta que se llega a la muerte”.

Concurrieron muchos poetas tanto de Calarcá como del departamento, uno de ellos fue Elías Mejía quien manifestó que para Calarcá fue la oportunidad de estar con personas que tienen una obra y un propósito definido en el arte nacional y las personas que tienen obra y arte definido aquí hablaron con ellos y les mostraron sus trabajos e intercambiaron sus conceptos y se dieron una dosis de ternura que llena de entusiasmo, es un factor disparador del,arte, más cuando aquí hay artistas que no deben desaprovechar esta oportunidad u esa sensibilidad agudizada por estos visitantes tan maravillosos de gran valía como los que por estos días estuvieron aquí, que son de gran renombre y trayectoria.

Pensando en el reinado que por estos días se celebra en Calarcá, del libro Los mitos sicóticos de Frenando Guinard, hemos extractado este hermoso poema que es bien apropiado para este tiempo y que de paso se convierte en un homenaje a la valla del cacique.

La reina con personalidad
No era bonita, ni siquiera simpática, coja y con un trasero caído y alargado caminaba como paramuna, tenía una nariz faliforme que se bamboleaba al compás de sus movimientos lerdos.

Desde pequeña había soñado ser reina, no importaba cómo, ni dónde, ni cuándo, ni de qué.

En un concurso de belleza enloqueció al público cuando desfiló con un traje hilo dental que le ayudó a disimular su trasero caído y alargado pero que destacó de una manera espléndida sus umbrales.

El jurado le dio el premio por su inteligencia, pero no lo aceptó pues ella creía ser la más bella.

Texto publicado en La Crónica, Armenia. Página 6, viernes 28 de junio de 1996

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