Don Fernando Guinard o el placer de la vida

Por Ricardo Rondón
 
     
 
FUNDADOR Y DIRECTOR DEL MUSEO DE ARTE EROTICO AMERICANO


En una época remota, don Fernando Guinard tuvo que haber sido alguno de esos centuriones a órdenes de Nerón o de Calígula, encargados de seleccionar las cortesanas, y avivar la llama de los dionisíacos bacanales de los emperadores.

Su amigo y confidente de muchos años, Sergio González León, director del colectivo artístico y teatral, Acto Latino, lo define como una “bestia de los infiernos que hace temblar a las señoritas decentes y a los pálidos seminaristas. Su sarcasmo y humor de cuchilla, siempre conectado por su ansia de amor, es irreverente. Nada recomendable para fiestas de primera comunión y matrimonios de pueblo”.

Guinard, desde su condición de creador, ilustrador, escritor y editor de libros, la mayoría de ellos encausados por la ruta del erotismo y del placer de la vida, es al mismo tiempo  el fundador y director del Museo Arte Erótico Americano, todo un imperio de obras de arte inspiradas en el eterno femenino y en su majestad el falo, entre detalles e improntas de incalculable valor para el coleccionista.

Autor de Los mitos sicóticos  un breviario de seres alucinantes y mitológicos de nuestras selvas y ríos, y también de los engendros fantasiosos y maquillados que se pavonean en las pasarelas de la fauna social, Guinard presenta ahora El Espíritu Creador, un libro en que se rinde homenaje a seis artistas plásticos colombianos, transgresores de los clisés establecidos, muy de boga en el arte nacional.
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En esta obra se destaca el talento y la presencia cultural y artística de Augusto Rendón, Fernando Maldonado, Ángel Loochkartt, Carlos Enrique Rodríguez Arango, Eduardo Esparza y Alejandro Hernández.

Al decir de don Fernando, su autor y mecenas: “un reconocimiento en vida a seis artistas plásticos colombianos que se han caracterizado por crear una obra hija de su propia vida.”

Guinard al desnudo.

¿Por qué su obsesión con el Eros?
Porque el erotismo es la vida y cuando está ausente de los humanos me parece que no vale la pena seguir viviendo. También el erotismo es el mejor antídoto contra la violencia.

¿De niño miraba a la doméstica desvestirse por el ojo de la cerradura?
Sí, pero no por el ojo de la cerradura, sino en vivo y en directo, gateando bajo sus enaguas.

¿A qué edad lo sorprendió Onan?
Ya bastante maduro cuando tenía quince años, y Marisol, la cantantes española, desnuda y dispuesta en mi mente, fue mi primera cómplice de estos ejercicios maniáticos.

¿No cree que en otro siglo fue un sátiro?
No, creo que he ido reencarnado, y pienso que antes fui un santo que ha evoluciondo de la tontería al hedonismo, que es el placer de la vida.

¿Con quien perdió la virginidad?
La acabo de perder hace seis meses con la princesa que comparte mis sueños. Cuando uno es sátiro y se convierte al amor, nace la virginidad, lo que quiere decir que el hombre, mientras vive, puede ser virgen varias veces.

¿Su sexo ha disfrutado de la ternura afelpada de una Lolita?
Sí, esa era una de mis especialidades, pero ahora comparto mi vida con una princesa amorosa, erótica, que es la reencarnación de Atenea, Afrodita y Chía.

Qué fue primero: ¿El catecismo del padre Astete o Trópico de Capricornio de Henry Miller?
Como este país era una provincia o un convento antes de que aparecieran los nadaístas y nos quitaran la bobada, sufrí toda mi infancia leyendo ese maldito libro del padre Astete. Cuando por fortuna me independicé de los curas que me educaron y comencé mi vida mundana, Henry Miller fue mi salvación.

¿Cómo es su vida con su alma condenada?
Me encanta, pues en el infierno los lunes son dedicados a la gula; los martes a libar los licores que alegran el espíritu; los miércoles son compartidos con las condenadas más bellas; los jueves con los ángeles resabiados; los viernes, con los aromas que expelen las picaduras que nos ponen a volar como balas silenciosas y sin destino. Los sábados y domingos se dedican al descanso y a dar gracias a los dioses por los favores recibidos.

¿Qué le inspiran las lésbicas de Ángel Loochkartt?
Temo la fortuna de tenerlas en frente de mi cama.

¿Y le hacen cosquillas?
Cuando me ven desnudo y estoy a solas se bajan de la pintura y me acompañan con sus favores.

¿Qué más le enerva su sangre lúbrica?
Todas las esculturas vivientes que bambolean sus caderas al ritmo de su deseo.

¿Con es su espíritu erótico?
Como el de cualquier persona que tenga capacidad de amar.

¿Cómo son sus ejercicios voyeristas?
Solapados.

¿Y sus orgías personales?
Muy privadas.

¿Cuál es su sentido más desarrollado?
El erotismo empieza con una mirada, se desarrolla con las caricias y los besos y los aromas de los umbrales húmedos, se concreta en la relación amorosa, y se reencarna en una simiente en el vientre de la amada.

¿Está bien masturbarse después de los noventa?
Sí, para liberarse del estrés y poseer las mujeres más bellas de las galaxias.

¿Qué tipos de pantis lo enloquecen?
Los que exhibe todos los días mi joven princesa.

¿El eros si es rentable?
El erotismo no es rentable desde el punto de vista artístico. En cambio, la pornografía, como la religión si son muy lucrativos.

¿Se cree usted el Heffner de la comarca criolla?
No. Simplemente don Fernando Guinard, el fundador del primer museo de arte erótico de América, y autor del primer libro que puso a copular a los poetas y poetisas de este país con la plástica colombiana.

¿Su apellido es eslovaco?
No. Es de origen francés, por eso me gustan las mujeres de senos pequeños, cinturas estrechas y caderas voluptuosas.

¿Como las bellas y delgadas muñecas de Leonel Góngora?
No. Como las bellas colegialas y adolescentes que deambulan por los campos universitarios.

Fíjese que tiene buena letra: muy fina y decorada, ¿por qué será tan perverso?
Porque la letra con sangre entra.

A propósito, ¿a qué ríos irá a parar la sangre de los desvirgamientos?
A los ríos amorosos del poeta Jotamario.

¿Ha amado poetisas ebrias?
Si, y me encantan, porque cuando despiertan no se acuerdan de nada.

¿Qué tan buen polvo es una sicóloga?
No son muy buenas, puesto que no se concentran y siempre están analizando en uno sus perversiones.

¿Qué no puede faltar en un bacanal?
Un toque de locura.

¿Y una pizca de nieve?
Prefiero el otro polvo.

¿Es en realidad una bestia de los infiernos como dijo su amigo Sergio González?
Soy un ángel que espera un poco de ternura.

¿Ya lo intentó con el Viagra?
Como tengo el don de la eterna juventud, con mi imaginación y mi ausencia de arterioesclerosis me bandeo como un boy scout en campaña.

¿Qué sería lo peor que pudiera pasar?
La muerte del erotismo.

¿Qué es un orgasmo?
El único momento en que uno se siente feliz en este valle de lágrimas.

¿Y un falo?
Muestro mejor cómplice y amigo.

¿Qué suele hacer en su Museo Erótico un domingo por la tarde?
Descansar y dar acción de gracias.

¿Cómo le gustan las nalgas?
Sin estrías y titilantes.

¿Y los senos?
Coquetos y de 90 centímetros.

¿Cuánto hace que no aspira un pubis angelical?
Seis horas y media.

El Espacio, Lunes 28 de marzo de 2003.

 
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