Eduardo Emilio Esparza Mejía

 Por Fernando Guinard

El estudio de Eduardo Emilio Esparza Mejía está situado en el municipio cundinamarqués de Tabio, cerca  del cerro de Juaica en cuyas entrañas se encuentra una guarida de misteriosos viajeros intergalácticos.

En los atardeceres sin nubes se pueden observar los platillos voladores que esparcen una luz intensa que penetra por los ventanales del estudio e ilumina la atmósfera interior plagada de pinturas, serigrafías, colografías, aguafuertes y aguatintas.

Trescientos gallos finos de colores secundarios y terciarios reciben esta extraña luminosidad y tornan su plumaje en colores cuaternarios que sirven de excitantes retinianos al espíritu lúdico de Esparza.

En las artes gráficas y especialmente en la serigrafía, Esparza ha descubierto los misterios del proceso creativo y ha realizado un aporte significativo al medio artístico. En la Corporación Prográfica de Cali, un taller de artes gráficas cuya sede era una casa burguesa con piscina incorporada, fundado y dirigido por el dibujante y serígrafo Pedro Alcántara Herrán, miembro insigne del partido comunista colombiano y luego directivo del Comité Central del mismo, allí, en compañía del “Diablo” Armando Martínez, Chalo Rojas, Virginia Amaya y Phanor León, dio sus primeros pasos en el misterioso mundo de la gráfica.

Luego, en Bogotá, en el Taller Arte Dos Gráfico,  Esparza, en compañía de Carlos Alberto Calvo y Jaime Valencia, realizaron los primeros ensayos con el latex para la fijación de los positivos en las sedas serigráficas. Un poco después, Calvo revolucionó la técnica de la serigrafía al utilizar acetatos.

En la planta baja del estudio en Tabio está el taller de Artes Gráficas donde ha impreso numerosas colografías y serigrafías de su autoría y de algunos artistas plásticos que le encargan la reproducción de sus originales.

Es un taller muy similar al Taller Experimental de Gráfica de La Habana que visitó por primera vez en 1995 y que lo dejó  fascinado por sus prensas de grabado, litografía en piedra y xilografía y en el que tuvo la oportunidad de trabajar en 1997, durante dos meses y repasar las técnicas en metal. Descubrió una nueva técnica que estaban trabajando los cubanos con gran genialidad: la colografía, que consiste en recortar cartones con diferentes formas que se impregnan con una pasta en la que se dibuja la escena con gran variedad de texturas, se elabora la matriz que luego se pinta y se imprime como cualquier grabado. Como se pueden utilizar innumerables materiales, es una técnica muy recomendada para iniciar a los niños en el increíble viaje por el mundo de la gráfica y el collage.

En el taller conoció y compartió conocimientos con grandes maestros y amigos como el director José Omar Torres, Eduardo Roco (Choco), Carlos del Toro, Roger Aguilar, Senén, Piro, Sandro de la Rosa y Raimundo Respall.

Esparza, hijo de Olga Mejía quien no oculta su amor y su ternura cuando menciona el nombre de su hijo, dice que Eduardo Emilio siempre ha profesado un gran amor por los animales y desde pequeñito se extasiaba observando las hormigas que deambulaban con sus exhuberantes cargas por los caminos azucarados que él les construía.

Muchos años después en el apartamento que autoconstruyó y por el que luchó, como un gallo de pelea, con valentía y coraje, hasta la muerte si era preciso, para no dejarse espolear por la mala leche de los urbanizadores que querían estafarlo, lo decoró con acuarios en los que nadaban peces de formas extrañas y colores vistosos.

Hoy, con su segunda esposa, María Teresa Lafaurie, cohabitan en una estancia rural en compañía de dos perros, un gato que parece un buho, trescientos gallos de pelea de todas las razas, linajes, texturas y colores, diez patos que anuncian las visitas, un chigüiro, que con un guiño de Esparza se acerca a saludar a las princesas que lo visitan, cuatro caballos de paso fino colombiano que lo llevan a escudriñar los cerros donde habitan los seres de otros mundos.

Pablo Emilio Esparza, su abuelo y Carlos Eduardo Esparza, su viejo, le transmitieron su afición por los gallos.

Pero no sólo los animales fueron los compañeros de su infancia. También vivió con mucha intensidad los “juegos tradicionales de la calle” en Palmira. Las cometas que elevaba hasta el infinito azul, el juego del “cinco huecos” con sus divertidas expresiones de “planto en mínimas” y “doy garra”, fueron algunas de las diversiones de su niñez. Sin embargo, el trompo fue su más caro y leal amigo, tanto así que su afición traspasó la infancia y se instaló en su vida adulta.

Un día, en un festín en compañía de sus amigos pintores, Óscar Alzate, Pedro Ramírez y Jaime Valencia, del escultor Guillermo Melo, de Enrique Rojas “El Brujo” y del abogado defensor de los desposeídos, Germán Melo, descubrieron que todos habían tenido un pasado común: el trompo. Se pusieron de acuerdo y empezaron a gestar torneos y a participar en ellos. En el taller de David Restrepo tornearon sus propios trompos en maderas exóticas como ébano, nazareno, diomate, granadillo, marfil, culo de diablo y hasta con bolas de billar. Este grupo de amigos se autodenominó “Los del trompo rojo”, quienes participaron en varios campeonatos mundiales que se realizaron en la ciudad del sol, del acero y del trompo, Sogamoso o Sugamuxi y en Bogotá o Bacatá.

Esparza ganó en 1991 y 1992 el campeonato mundial realizado en Sugamuxi y en 1996 fue el triunfador en el campeonato nacional celebrado en Chía, la ciudad de la luna, la noche y la lechuza.

Desde niño ha tenido una novia fiel que lo acompañara hasta el último suspiro: la pintura.

Su aprendizaje ha sido esquivo como una perversa muchacha adolescente.

En el día, mientras estudiaba Agronomía, la abandonaba, en la noche sucedía lo inevitable.

Por amor a ella, después de cursar cuatro semestres, abandonó la Agronomía.

Empacó sus corotos y se fue a estudiar Bellas Artes en la Universidad del Tolima en Ibagué.

Eran los tiempos del gran movimiento estudiantil cuando la muchachada tenía una gran conciencia política y social y pertenecía a movimientos de izquierda como la Juventud Comunista, de tendencia leninista; el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, de tendencia trotskysta y la Juventud Patriótica (Jupa), de tendencia maoista;  al que se vinculó Esparza con gran ahinco.

Pensaba que la responsabilidad del pintor consistía en realizar un arte comprometido con la causa. Pintó la tortura, la violencia y el llanto, la corrupción de la clase política y la agresividad del imperialismo. Con el transcurrir de los años descubrió que esa temática era una carga muy pesada y se despojó de esa responsabilidad. Se tornó en un ser feliz y comenzó a disfrutar mucho más su trabajo investigativo y creativo. Sin embargo, sigue respetando a los artistas que tomaron como opción el compromiso político, pero le parecen soñadores de utopías, porque en un país donde la política es un cáncer que carcome, no vale la pena dedicar más años de la vida a una enfermedad terminal.

La facultad de Bellas Artes de la Universidad del Tolima no escapó al proceso revolucionario. Las directivas la cerraron pues no tenían la certeza de que universidad es sinónimo de universalidad y que el arte, como el amor, se caracterizan por la libertad de expresión.

Solicitó un traslado a la Escuela Departamental de Arte y Cultura de Cali. Allí también encontró aridez en el entorno y resistió un semestre, a pesar de que uno de sus maestros fue Carlos Correa quien una vez en la semana les dictaba clases en su estudio en compañía de la pintura La Anunciación y sus grabados de contenido político y social.

Como representante del Frente por la Unidad del Pueblo (FUP) marchó hacia Corinto (Valle), a echar discursos y manejar la campaña política de este movimiento de izquierda que más bien parecía un movimiento erótico por la promiscuidad ideológica de sus representantes.

Hoy predica a diestra y siniestra la estupidez de estudiar en academias de arte convencionales por el enfoque simplista, la pobreza conceptual y el ánimo de lucro que invade la atmósfera.

Defiende el aprendizaje en los talleres de pintores, escultores y gráficos que se caractericen  por su espíritu creativo y experimental, talleres donde se diseccione, sin temor, ni timidez, el cadáver del arte.

Por ejemplo, intercambiar ideas sobre la necesidad de encerrar a los críticos en un galpón de Corferias y darles látigo hasta que cambien sus opiniones de modistas y sus actitudes de verdugos desobligantes, o por el contrario, convertirlos en objetos de culto del santoral de la patria. 

Esparza también es un escéptico del arte oficial y de los burócratas de la cultura, pero no oculta su gran admiración por Alejandro Obregón, Luis Caballero, Fernando Botero, Carlos Granada y Pedro Alcántara Herrán, lo mismo que por sus compañeros de generación por los que siente un gran aprecio como Armando Martínez, Walter Tello y José del Carmén Hernández.

Esparza es un trabajador compulsivo pero no infatigable. Sus jornadas de trabajo como maestro, serígrafo, colografista, criador de gallos y pintor, duran doce horas. Por la noche, exhausto, se tira sobre un sofá o un chinchorro a observar  el trabajo realizado durante el día.

Su proceso creativo actual es muy diferente a sus procesos anteriores cuando trabajó la temática social y exorcizó los demonios de la demencia en el Hospital Psiquiátrico de Cali y en muchos de sus amigos que la padecieron.

Hoy en día, Esparza no puede trabajar sobre una superficie blanca. Necesita primero manchar las telas para que aparezcan las formas. Es una etapa gestual en la que plantea la composición de la escena pictórica. En la etapa contemplativa vislumbra en la mente la obra. Después, con pinceles y frotamientos con cuchillas, bisturís, esponjillas, lijas y plumillas, extrae de la luz prisionera en la materia los colores orgánicos que darán vida a su fantasmagoría lúdica.

El  erotismo es otro de los temas que lo han tentado con suma munificencia. Esparza es el creador de “los falogones” y de las flores carnales, recreaciones del trajinado tema de los bodegones, o naturalezas muertas, con la diferencia de que los frutos son objetos del deseo y manjares vivificantes.

Uno de estos manjares, que acompañaba el bajo vientre de un caballo que descansaba exhausto sobre la valla del Museo de Arte Peatonal en Palmira, fue cubierto por orden de las damas que se ponían nerviosas cuando el pobre equino las miraba con sus ojos bizcos a la cara.
A pesar de que Esparza ha sido un hombre de suerte por su carácter lúdico y por su racionalidad bien administrada, tuvo la oportunidad de vivir en carne propia los estragos que causan en el espíritu creador los pecados originales cometidos por los ignorantes, que según los griegos son aquellos que nunca alcanzarán la sabiduría porque son incapaces de ejercer el libre ejercicio de las facultades racionales del hombre.

La tragedia de Esparza es muy parecida a la tragedia del rey Edipo que por ignorancia desconoce que es el asesino de su padre. La Universidad Nacional de Palmira, la madre que acogió a Esparza en su seno durante cuatro semestres en la facultad de Agronomía, mató, también por ignorancia, al hijo más querido de la Universidad, en el año 1984. En efecto, Esparza había parido un mural de 2 metros x 4.50 metros, financiado por el sindicato de profesores de la universidad, que ubicó en el hall de entrada de las residencias universitarias. Como la ignorancia se caracteriza por no ejercer el libre ejercicio de la razón, y como no hay felicidad absoluta para el género humano, el mural desapareció como por encanto bajo una espesa capa de pintura echada por los irracionales que se cuelan en los campus universitarios.

Que descanse en paz. 

Texto publicado en el libro El Espíritu Creador de Fernando Guinard, co-editado con la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales U.D.C.A. Bogotá, 2003.

Volver a Textos de Fernando Guinard

Libros - Frases Célebres - Virgenes - Poesía - Nadaísmo - El Comic Manga - Artes visuales. Los 50 de la Memoria - Erotismo Prehispánico - El Erotismo del yo
Erotismo y Nociones de Cuerpo - Homenaje al Museo Arte Erótico Americano MaReA y Fernando Guinard - Art & Eros Festival, 2008 - Feria de la Sexualidad
MaReA en Quito - Tiempo de Amor y Erotismo - Fiesta de Eros - Homenaje a Ángel Loochkartt - Bienal de Amor & Éxtasis