El arte y el erotismo

Por Carlos Jiménez Gómez

Tiempo de amor y erotismo es el título general del conjunto de actividades artísticas y culturales que se han realizado en Cali a lo largo de esta semana, con la colaboración de muchos centros e instituciones culturales, además de restaurantes y alguna galería de arte. El principal promotor ha sido el Parque de La Industria Cultural, que es sin ningún género de duda la iniciativa más seria e interesante que se está haciendo para ponerle fin, o por lo menos ofrecer una alternativa autónoma y a la vez profesional, a la tradición implantada por esos gestores culturales mendicantes que se alimentan casi que exclusivamente del erario público o de las donaciones de los artistas.

Pero me estoy alejando del tema de esta columna que en realidad es una breve reflexión sobre las cuatro exposiciones de artes plásticas y visuales de la programación que nos ocupa. Dos de ellas tienen lugar en La Tertulia y son las que responden más al canon del arte moderno forjado en este país. La primera se titula con evidente exceso, “Museo de arte erótico americano” porque en realidad no es más que una muestra, un “acrochage” que dirían los franceses, de una colección de arte erótico formada en torno a la personalidad de Fernando Guignard (Sic) (lo correcto es Guinard). Sobresalen un par de cuadros de Leonel Góngora y sobre todo uno de Fernando Maldonado, titulado “La controladora”, que, al contrario de lo que podría esperarse de una muestra de arte erótico, no representa a una mujer desnuda sino enteramente vestida. El morbo que se dice, la incitación visual que despierta nuestro erotismo no está enteramente en la pose de la modelo, tendida sobre una cama, con la minifalda subida y las piernas abiertas de tal modo que encuadran el vértice probablemente húmedo de su entrepierna, velado por unos panties. La segunda exposición en La Tertulia, que se entremezcla con la primera, se llama “Paisajes intervenidos” y es un conjunto de fotos intervenidas en blanco y negro y de gran formato cuyo autor es Ángel Benicassino (Sic) (lo correcto es Beccassino). Aquí el erotismo emerge especialmente impetuoso en la imagen de una mujer blanca, semidesnuda y encapuchada, con tacones de zapatos altos y despatarrada en un sillón”. (…)

El País, Cali, 10 de diciembre de 2001.

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Como cosa curiosa, el famoso Parque de la Industria Cultural se murió y el famoso “acrochage” del MaReA sigue vivito y culeando a pesar de las opiniones de quienes no tienen espíritus pioneros.

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Bogotá, diciembre 11 de 2001.

Señor:
Carlos Jiménez
Cali

Respetado don Carlos:

Reciba un cordial saludo:

Tuve la oportunidad de leer su nota sobre al arte y el erotismo publicada en el periódico El País de Cali.

Me gustó en términos generales. Me complací mucho al leer los comentarios sobre la obra del pintor bogotano Fernando Maldonado.

También estoy de acuerdo en que el título del Museo Arte Erótico Americano es rimbombante, y que es una muestra de una colección de un fulano que no es traficante ni político ladrón (disculpe el pleonasmo). Es tan solo una colección de un pobre boy scout cuyo único objetivo es crear un gran museo. Así empezaron Marta Traba con el MAM de Bogotá y Sofía Imber con el de Caracas. Iniciaron actividades  en garajes y casas prestadas.

Yo solo quiero que el primer museo de arte erótico en América sea el más importante del mundo. ¿Cuento con su ayuda y sus donaciones?

Un abrazo

Fernando Guinard

 
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