EL ESPÍRITU CREADOR
Fernando Guinard
Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales UDCA
Bogotá, 2003. 120 páginas. Pasta dura. 28.5 x 22 cm
 
   
Emilce Rivera y Fernando Guinard
por Fernando Maldonado.
   
Don Fernando Guinard es conocido como una bestia de los infiernos. Hace temblar a las señoritas decentes y a los pálidos seminaristas. Su sarcasmo y humor de cuchilla, siempre conectado con su ansia de amor, es irreverente. Nada recomendable para fiestas de primera comunión y matrimonios de pueblo.

Fundador del primer Museo de Arte Erótico Americano (MaReA), escritor y editor de libros como El Espíritu Erótico, que recoge lo mejor de esta tendencia en el arte plástico colombiano, cómplice de la Bienal de Amor & Éxtasis y del Centro de Arte y Cultura de nuestra universidad deseada, la U.D.C.A., es también cómplice de sus amigos y de los proyectos más atravesados, sobre todo de aquellos que subvierten el tedioso orden, pero a él lo que más le gusta es erotizar el mundo tras el ojo de una buena pintura o tras el ojo de una bella princesa.

SERGIO GONZÁLEZ LEÓN
, Director del Centro de Arte y Cultura de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales U.D.C.A. Director del Teatro Acto Latino, dramaturgo, actor y Co-Director de la Bienal de Amor & Éxtasis, Bogotá, 2002
 
   
 
     
  Augusto Rendón
Ángel de la guarda, 1989
Óleo sobre lienzo
Ángel Loochkartt
El tango de Borges, 2001
Óleo alla prima sobre lienzo
   
       

INTRODUCCIÓN

Por Fernando Guinard

La cultura occidental está enferma, es una cultura de formas pero sin fuerza, es decir sin vida, porque ha sido hecha para organizar la vida y no para dejar fluir la vida.
ANTONIN ARTAUD

Hace veinte años, catorce espíritus creadores fundaron la U.D.C.A. Siete ya se han ido de viaje con la eterna compañera pero sus espíritus siguen presentes en el campus universitario. Los otros siete, todavía esparcen su espíritu creador por los difíciles caminos de la educación y la ciencia. A ellos, en honor de ellos, se edita el ESPÍRITU CREADOR, con la sinergia de siete artistas plásticos colombianos creadores de imágenes poéticas de la realidad.

El espíritu creador se manifiesta en los dioses y en los humanos que viajan en contravía y ven luces donde no hay estrellas.

Pablo Picasso dijo en una ocasión: Mi destino es trabajar y trabajar sin respiro. Yo soy acción y el acto de crear tiene el impulso de una furia.

La imaginación y la acción, son cualidades indispensables del acto creativo. Por eso los dormidos, los que cumplen a cabalidad sus actos biológicos como comer, dormir y tener hijos, pasan por la vida sin romperla ni mancharla. La ignorancia es una buena compañera de los dormidos que se tragan enteras las mentiras con que los alimenta el establecimiento. Una de esas mentiras es la que afirma que la obra de un pintor o un escultor se defiende sola, independientemente de las perversiones del autor y de la profundidad o insulsez del discurso interior. Separan el alma del cuerpo como lo hacen los defensores de las vidas ultraterrenas.

Cuando las manos de un artista son guiadas por un espíritu despierto, su obra trasciende el juego superficial de las impresiones sensoriales y penetra en los niveles más profundos de la esencia. Por medio del arte los artistas expresan su cosmogonía. Su obra revela el potencial espiritual. En los años mozos, los hombres y los artistas, están influidos por sus ídolos espirituales, políticos, religiosos, filosóficos y estéticos. Ya en la madurez, cuando se encuentran con ellos mismos, aportan su experiencia al proceso creativo y a la historia del arte desde su particular visión de la realidad, de acuerdo a su capacidad de discernimiento. Por eso son distintos, cada uno tiene sus propias obsesiones y destaca los temas que están más cercanos a su vivencias.

Ya en las páginas de la revista El Malpensante, Andrés Hoyos, su director, dijo: Colombia ha sido un país mezquino con sus artistas e intelectuales. Rara vez les ha reconocido en vida sus méritos.  Siempre es lo póstumo, cuando no en artículo mortis.

Sea este libro de El Espíritu Creador un reconocimiento a los intelectuales fundadores de la U.D.C.A., que viajan en otra dimensión, un reconocimiento en vida a los siete fundadores que todavía esparcen su espíritu creador, y un reconocimiento en vida a siete artistas plásticos colombianos que se han caracterizado por crear una obra hija de su propia vida.

 
       
   
Germán Anzola Montero
Rector U.D.C.A.
Sergio González León.
Director del Centro de
Arte y Cultura U.D.C.A.
Jotamario Arbeláez
 
 

PRESENTACIÓN

Por Germán Anzola Montero

Es de importancia para la universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales U.D.C.A., que en el marco de las actividades programadas con motivo de la celebración de los veinte años de nuestra casa de Altos Estudios, se lleve a cabo la edición de la obra EL ESPÍRITU CREADOR.

El que hacer artístico en la U.D.C.A., en los últimos cinco años, ha tomado prometedores rumbos con la vinculación de Especialistas en el ámbito de las Bellas Artes, experiencia que ha reportado valiosos resultados.

Los miembros de la Comunidad Universitaria de la U.D.C.A. estamos dando positivas muestras de comprensión y entendimiento del lenguaje conceptual a las principales expresiones que hemos expuesto a su consideración. Hemos impregnado a estudiantes y docentes con una nueva forma de difundir la Extensión Universitaria en el espacio que le corresponde a la cultura, factor determinante en el cumplimiento de nuestros objetivos de formación integral.

Es meritorio resaltar las acertadas palabras que Miguel Ángel Fernández escribió en la introducción a la obra Maravillas y curiosidades. Mundos inéditos en la Universidad:

Sin siquiera proponérselo, las grandes Universidades del mundo han practicado una vertiente del coleccionismo. Ciertamente, la acumulación ocurrida en ellas derivó no solo de su función educadora y de saberes arcanos, sino como consecuencia misma de los siglos. Fue la necesidad de transmitir el conocimiento lo que obligó a los centros de especulación intelectual a adquirir y resguardar los mismos modelos artísticos que los instrumentos científicos. Por su parte el tiempo se encargará de justipreciar esas rarezas y artefactos cuya pluralidad los transformaba en un singular patrimonio.

Al tener la responsabilidad de presentar la obra EL ESPÍRITU CREADOR, nos sentimos halagados y honrados. Esta obra es el esfuerzo conjunto de la U.D.C.A y del maestro Fernando Guinard, un sueño común que deseamos compartir: la Universidad y el amor por el arte. Hemos querido caminar por la misma ruta para generar los nuevos espacios que demanda la Universidad Colombiana. Amar la vida y sus expresiones creativas debe ser un anhelo del mundo académico. La U.D.C.A. utilizará las donaciones y herencias para evocar los espíritus de los creadores del Arte y de la Ciencia.

Queremos dejar una huella imborrable en la Celebración de los 20 años de nuestro Proyecto Educativo Institucional, trabajo que hemos realizado en cumplimiento del mandato de nuestros Fundadores. Son 20 Años de producción intelectual permanente, sobre diversos temas, que justifique incorporar a ellos una nueva propuesta educativa con el estímulo e impulso a las artes.

Agradecemos a todas las personas que han hecho posible esta edición de EL ESPÍRITU CREADOR, con entusiasmo y afecto, en nombre de la U.D.C.A. entregamos esta obra a la Comunidad Académica, demostrando una vez más, que estamos en condiciones de vincularnos idóneamente a nuevas y nobles acciones en beneficio de la cultura colombiana.

Para los artistas plásticos que participaron en EL ESPÍRITU CREADOR y al poeta Jotamario, quien prologa esta obra, nuestros sinceros agradecimientos.  Las imágenes y la lectura de su vida y obra, constituye la más significativa presentación que pueda hacerse de ellos.

       

SIETE ESPÍRITUS EMBRUJADOS POR EL ARTE

Por Jotamario Arbeláez

Cuando nadie se lo esperaba, porque a los luchadores empedernidos se acostumbra a darlos por muertos antes de sacarlos del ring, aquí vuelve Fernando Guinard a la carga, con su carga de plásticos, en busca de un lugar en la historia de nuestras artes, que cada vez más se nos desdibuja.

Podría decirse de los artistas que presenta en EL ESPÍRITU CREADOR, que algunos son -o han venido siendo- de los más representativos del país, si es que ello tiene alguna importancia en un país deshecho*, y otros van en camino de serlo. Igual podría decirse que ni los unos lo han sido, ni los otros acabarán siéndolo, para así recibir el primer aplauso de los presuntos afectados con el inesperado reconocimiento. Los que ya hicieron su trabajo, lo hicieron como mejor pudieron y ya no es hora de devolverse, y menos para tomar impulso. Los que aun van haciéndolo ya tienen su camino trazado, ya no tienen para donde salirse. Porque además el arte colombiano actualmente está disparado hacia tantas y tan contradictorias tendencias, que sería tendencioso detenerse en una de ellas. Cada una excluye a la otra. Y en estos siete artistas tampoco se encuentra una coordinación en la estética ni una constante en la propuesta, son flechas lanzadas con arcos diversos. El elemento que los une es la pasión que no cesa, una vitalidad desbordante, seguridad en sus pasos por el desierto, y el sincero desparpajo del autor para ponerlos en primer plano.

Vivimos del arte en el período crítico. Del crítico que pretende orientar a los artistas y de paso desorientar a las galerías. Y no digo que viceversa, porque pintor que se deja desorientar de un crítico termina siendo pintora. Y muchos pintores crecidos se tornan en más críticos que los críticos para amurallar su mercado. Ni a Botero se le perdona el que se haya convertido en el pintor más famoso del mundo, emulando a Picasso. A Obregón se le conceden unos cuantos años de gracia. A Grau no se le menciona por más que siga vendiendo. Y no sigamos con los monstruos porque de pronto se nos olvida hablar mal de alguno. Aquí cada cual se limpia los zapatos con la obra de los demás. Para nadie pueden tener significación los juicios valorativos. Y menos formulados por alguien que, en el mejor de los casos, es un mero perturbador. Pero a lo mero mero, vamos andando.

Ya Guinard, que más que galerista es un promotor obstinado, se había propuesto el libro de plásticos desbordantes y poetas rijosos, El Espíritu Erótico, que después de muchos cortejos y no pocos cortes logró coronar con ardentía, y hoy se encuentra más agotado que el autor. Quien fundó además y mantiene, vivito y coleando, el Museo Arte Erótico Americano (MaReA) donde se desempeña como curador amantísimo y como amante incurable.

Desde hace más de treinta años Guinard tiene una pelea casada con la burocracia del arte oficial, contra la academia, contra el abstracto, contra la vanguardia, contra todo lo que le huela a consagración o triunfo ficticio. Da la lucha por los artistas que se han estrellado contra la muralla. Porque según se huele, es una muralla que allí no estaba. Alguien se encargo de ponerla. De allí que sus realizaciones tengan un aire pendenciero, más allá de la labor difusora que se propone.

No es un escritor propiamente Guinard, pero para contradecir las falsas verdades del arte colombiano le basta con ser un contradictor. Y en el camino ha encontrado aliados valiosos, entidades y personalidades, como la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales U.D.C.A. y su rector Germán Anzola Montero. Ellos se han echado sobre los hombros, en gesto institucional digno de respeto, que trascienda la vindicta de un solitario.

Queden pues aquí encerrados, pero con la facultad de moverse, estos artistas que desde siempre han estado inscritos en los vaivenes del arte colombiano como en los bordes de sus obras. Augusto Rendón, quien manifestó su rechazo a la injusticia y la violencia oficial con el más intenso alarido erótico y la violación de las formas, como lo hicieron con distinta lezna sus contemporáneos comprometidos: Carlos Granada, Pedro Alcántara, Norman Mejía, Umberto Giangrandi, y sin ir más lejos, no más hasta su tumba reciente, el inconmensurable Leonel Góngora. Ángel Loochkartt, en su estado de permanente gracia, devolviéndonos con una ternura punzante y la técnica de la pluma de cañón de sus alas a los encantos del perdido paraíso pagano. Carlos Enrique Rodríguez Arango recreando al cincel el chispazo máximo de la pintura como es el encuentro de las puntas de los dedos del creador y su inicial criatura. Manolo Colmenares García con la malicia indígena de su ancestro acudiendo a las referencias bromistas del modernismo para esculpir el viento de sus rituales musicales. Eduardo Emilio Esparza resolviendo los tótems de las mitologías con los propios de su subconsciente en pleno hervor de flores carnales. Fernando Maldonado tratando de "parar el mundo" en la uña como legendario delegatario de los umbrales del misterio para sembrar en nuestra contemplación un asombro de sábila ante lo surreal cotidiano. Alejandro Hernández Pinto desde sus susurrantes carboncillos sugestivos como una emoción diluida, hasta sus rotundos bloques escultóricos en los que vibra la materia al entrar en contacto con la perennidad que modela.

Dios los cría para que Guinard los junte. Los exalte y los revalore. Es el final feliz que busca este libro. Si se cumple, habrán subido un punto los precios. Si no se cumple que Dios nos perdone.

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El Espíritu Creador
   
 

Guinard, El Creador. El Tiempo

   
       
   
Fernando Maldonado
Anunciación, 1998
Óleo sobre lino
Eduardo Esparza
Tótem 1, 1998
Óleo sobre lona
 

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