Por Álvaro Chaves Mendoza

El proceso que nace en la mirada, complacida ante la forma y el color del ser humano; en el aroma y las texturas de la piel; se prolonga en las sensaciones táctiles, en la caricia y calidez de los abrazos y se afianza en el beso, para alcanzar su plenitud en el acto sexual y prolongarse en el palpitar de una simiente en el vientre, es el erotismo.

Lo erótico es cuanto tiene relación con Eros, el amor, en sus dos acepciones complementarias, lo físico y lo psíquico. En él caben diversas actuaciones y emociones, condicionadas a planteamientos culturales que encaminan al instinto. Es en sí un elemento más de los variados que conforman el comportamiento humano; las circunstancias sociales y religiosas lo exaltan o lo denigran, enfocándolo como un dios admirable y deleitable, o renegándolo a la consideración de pornográfico. Pero en sí, desprovisto de las connotaciones culturales, es la manera específica, perfectamente racional, pero irracional en la escogencia de su objeto, que tienen los humanos para transmitir y sentir atracciones, para gozar de su sensualidad y de su sexualidad y para dar continuidad a su especie.

Al intentar entrar al mundo del erotismo prehispánico nos encontramos con la dificultad de tener que usar unos parámetros actuales en el juzgamiento de las costumbres o en la apreciación de las piezas arqueológicas. En algunos casos tenemos datos que nos encausan el camino de la interpretación, dando la explicación de acuerdo con las pautas de aquellos tiempos y aquellos pueblos; en otros casos debemos limitarnos al análisis de la información disponible, desde un punto de vista que puede no corresponder al de aquellas sociedades, pero que en todo caso es intento de comprensión a la luz de postulados actuales. De ahí que si tratamos dentro del erotismo temas como la virginidad, el celibato y el homosexualismo, es porque directamente han tenido relación con éste, a veces como su negación, a veces como otras opciones, que aunque respondan a motivaciones sociales o religiosas, no por ello pierden su contenido físico, sensual y sexual.

Cultura Tumaco
 
Cultura Tumaco

Cultura Tumaco

La belleza física, uno de los factores decisivos en el impulso erótico, está siempre condicionada por las normas estéticas que impone cada sociedad, y así el prototipo de la mujer bella es diferente en cada época y cambia según las religiones. De ahí que nuestro criterio actual no sirva para juzgar la hermosura en el pasado; debemos para ello remitirnos a la opinión imperante en aquel momento. Desafortunadamente no tenemos noticia de cual fue el prototipo que utilizaron los prehispánicos, apenas podemos suponerlo por las representaciones femeninas que hacían en sus obras artísticas, ajustables a nuestras categorías cuando son naturalistas, pero imposibles de definir cuando se geometrizan.

En el caso de la mujer prehispánica de Colombia, contamos con la opinión dada por el conquistador, a través de los Cronistas del siglo XVI, aunque no sabemos si fue la misma de los propios nativos. Los escritores de entonces nos informan que, para el español, entre los taironas “tienen las hembras buenos pareceres, y por la mayor parte los varones” (Castellanos, 250, 1847). Gonzalo Fernández de Oviedo describe así a una india prisionera: “esta india principal era hermosa, porque en la verdad parecía mujer de Castilla, en la blancura y en su manera y gravedad era para admirar, viéndola desnuda, sin risa ni liviandad, sino con un semblante austero, pero honesto…” (Oviedo, VI, 137, s.f.).

La profusión ornamental de los taironas, tanto en los varones como en las mujeres, la testifican escritores de Cronistas, que cuentan: “No había indio ni mujer que no tuviese terno de joyas, orejeras, gargantillas, coronas, bezotes, moquillos de fino oro, pedrerías finas y bien labradas, sartas de cuentas. Las muchachas todas tenían al cuello cuatro o seis moquillos de oro, de peso de 12 a 15 castellanos… ” (Simón, V, 191, 1882). Por otra parte la arqueología muestra, en las muchas piezas de cerámica y orfebrería, representaciones de personajes que lucen collares, narigueras, aretes, pectorales, pulseras, y como elemento característico el bezote, adorno colocado en un orificio abierto en la piel bajo el labio inferior, en forma de botón o de cilindro rematado en figuras zoomorfas.

También la arqueología ha rescatado en sus excavaciones collares de ágatas, cornalinas y cuarzos de diferentes colores, colgantes de concha y hueso y una variada colección de adornos de oro.

El artista tairona, alfarero u orfebre, cuando dio forma a figuras de hombres o mujeres, representó lo físico dando definición principalmente a los rasgos faciales y a los brazos, para complacerse en destacar los adornos colocados en la cabeza, en la nariz, en las orejas, bajo los labios, en el cuello y sobre el pecho. Esta exuberancia en la ornamentación, si bien tenía una función indicadora de categorías civiles o religiosas, indudablemente tuvo también un contenido estético, muy estudiado por quienes lo lucieron y muy gustado por aquellos que lo apreciaron.

Como todos los pueblos del mundo, los taironas recurrieron a la belleza de los trajes y adornos para complementar y resaltar los atributos físicos, lo cual incide en la connotación erótica, que curiosamente se acentúa en sus extremos: la pureza del desnudo y la complejidad del cuerpo apenas insinuado bajo la profusión ornamental.

 

Libros - Frases Célebres - Virgenes - Poesía - Nadaísmo - El Comic Manga - Artes visuales. Los 50 de la Memoria - Erotismo Prehispánico - El Erotismo del yo
Erotismo y Nociones de Cuerpo - Homenaje al Museo Arte Erótico Americano MaReA y Fernando Guinard - Art & Eros Festival, 2008 - Feria de la Sexualidad
MaReA en Quito - Tiempo de Amor y Erotismo - Fiesta de Eros - Homenaje a Ángel Loochkartt - Bienal de Amor & Éxtasis