“El Loco” Guinard sale con las suyas
Por Gonzalo Villegas Jaramillo

Nacido en Cali, el libro más sexi de Colombia se lanza a conquistar España.

A ocho meses de haber lanzado su libro, El Espíritu Erótico,  Fernando Guinard, una especie de adelantado del sexo, para unos, para otros un “loco de atar” capaz de cometer  “herejías” como la des sacar en este país del Sagrado Corazón una obra que combina lo mejor de la poesía lujuriosa con lo mejor de la creatividad pictórica de los colombianos sobre el candente tema, empieza a cosechar los merecidos triunfos.

Este apellido Guinard ya conoce vislumbres, nada menos que en el Quijote, donde un tal Roque Guinart, asaltante de caminos, le sale al paso a Sancho para robarle las provisiones que llevaba en su burra, las cuales le devuelve al saber que eran del ilustre Hidalgo, no obstante decidir quedarse con la burra, de la cual al parecer se prendó, y de cuyos amores, según sostiene el muy mal pensado de Guinard (hablamos de Fernando) proviene el origen del apellido.

Pero no nos metamos en burradas y veamos los deliciosos aspectos, apenas para la picaresca española, de nuestro buen señor don  Fernando de Guinard para dar a luz El Espíritu Erótico.

Relata Fernando que de haber querido compartir el destino con sus compañeros de universidad, a estas alturas estaría de presidente de un banco. Pero qué, “quién podría ver con buenos ojos a un presidente de banco de pelo largo, barba de salvaje, ojeras de bohemio, y el escritorio lleno de libros y cuadros de sus amigos los pintores, por todas partes”.

Pero también, a un ejecutivo con un parecido bárbaro al poeta Allwn Ginsberg, de USA, el mismo que no obstante su celebridad mundial tuvo que ser expulsado por Castro de Cuba, después de que a su arribo al aeropuerto de La Habana, a la pregunta de los reporteros sobre cual era su mayor anhelo por visitar a la isla respondió que “hacerle el amor al Ché”.

Cómo sería la poca o mucha cordura de Guinard durante el tiempo que estuvo en la banca y en el gobierno por los años 74 al 76, que alcanzó a durar media hora como Auditor de Puentes para Bogotá. “Al verme metido en semejante berenjenal tan ajeno a mis naturales aptitudes, inclinadas ante todo a las tareas culturales, sentí físico pánico. Pensé en la frase lapidaria de mi gran amigo Augusto Rivera, en cuyo homenaje hice igualmente mi libro, cuando en cierta ocasión me dijo. “Cambiaría cien años de gloria en el Louvre, por una tarde de amor en las playas”.

Lo que entre otras cosas resulto al pie de la letra, ya que por hacer el amor en las playas de Cartagena, donde trabajaba en un mural millonario, se jugó y perdio la vida a cambio de la bolsa con las tentadoras sumas de dinero.

La hazaña para publicar El Espíritu Erótico  coloca a Fernando Guinard entre los más bizarros discípulos del gigantesco Manchego.

Acudió a pedirle plata prestada a sus compañeros de universidad hoy al frente de la presidencia de los más importantes bancos, para ver a financiar la edición de su obra. Ofreció pignorar sus escasos haberes, así fuese preciso hipotecar hasta la pierna izquierda de su mujer, pero sí mucho, algunos camaradas de estudio le ofrecieron en cambio –y de pura lástima-un puesto de cajero automático en el lugar más apartado de la ciudad. No faltó, por supuesto, el banquero impaciente que lo creyó ahora si deschavetado por completo, y lo mando a comer de lo que sabemos.

Guinard  –expresa- abandonaba las entidades crediticias recitando por dentro el poema de Julio Sesto, Las abandonadas:

“Cómo me dan pena las abandonadas
que amaron creyendo ser también amadas,
y van por la vida llorando un cariño,
recordando un hombre y arrastrando un niño”.

Pero, como el que tiene fe mueve montañas, a Fernando lo salvó esa fe.

Al efecto, revela que cuando estaba en lo mejor de una orgía onírico-erótica -las que según confiesa le llegan a menudo- la que consistía estar haciendo el amor con Amparo Grisales, quien después se convirtió en la Niña Mencha, tal vez por lo sobrecogedor de la faena lo tumbaron de la cama. Y al despertar del sueño vio a la Virgen María que le pedía el favor de contribuir a aliviar la pesadez del ambiente de la Colombia atribulada de estos últimos tiempos. Lo que él entendió como una tácita alusión a que debía buscar de todas formas la edición de su libro. “Y es que si a este país –se hace la reflexión final- no lo acabó de volver chicuca el doctor Barco, había que hacer algo para dar señales de vida y nada mejor que un libro festivo, sin inhibiciones, ni tabúes, propios por fortuna de épocas pretéritas. Un libro que fuera un canto a la vida, al amor, a lo más natural y gozoso que prosee el hombre, el sexo.

Haciendo caso omiso de todas las visicitudes que se le habían interpuesto entre su proyectada empresa y su cabal realización, a Guinard se le prendieron las luces del éxito en Cali. Allí fue presentado por los pintores Diego Pombo y Édgar Álvarez a Ernesto y María Eugenia Fernández Riva, propietarios de esa noble y moderna empresa que llama Feriva, de donde salen los más maravillosos libros que causan que causan admiración aun en los países más avanzados de la industria editorial en el mundo. A éstos les gustó el machote del libro y encontraron viable su financiación, de paso, hallaron muy acertada la escogencia del poeta caleño Jotamario para seleccionar el material poético, que es realmente insuperable, dado el gusto del bardo nadaísta hacia la mejor poesía pasional en todos los idiomas, siendo el mismo Jotamario un poeta de renombre internacional en el género erótico. Baste mencionar su poema antológico, Los polvos de Marilyn Monroe”. En cuanto hace al diseño del libro, para tan delicada labor le ofreció los servicios gratuitos el pintor ecuatoriano afincado en Cali, Mario Gordillo, quien se pasó en su tarea para darle una inolvidable presentación al texto y a las obras tanto de pintura como de escultura y aún piezas arqueológicas que adornan y dan vida imperecedera a este libro de rechupete.

Para la frigidez en los matrimonios, causal de tanta separación innecesaria de parejas, para sacarle jugo de lo lindo a esta vida –que como dice el tango es apenas un soplo- nada más recomendable que este libro que acomoda a los ojos y la mente como en la más privilegiada platea para pasar revista a las delirantes frivolidades en el Foliés Bergère de París, o el Tropicana de La Habana. Sólo que sus páginas están dirigidas a destacar ese inmenso volcán de fuego, ingenio, lava, pasión y humor que caracteriza al más chévere de los seres que en el mundo existen: El Colombiano. O si usted prefiere Locombiano-.

¡Ojo! Cuidado se sacan uno con ir a leer el poema La burrita de Raúl Gómez Jattin, porque aquello si es a otro precio. Mejor dicho a prueba de confesionario.

Texto publicado en Occidente. Feliz domingo. Pág. 12 A Cali, Domingo 30 de junio de 1991. La Patria Dominicales, agosto 18 de 1991, Páginas  6 y 7. Vanguardia Liberal Dominical, Bucaramanga, No 1057, septiembre 1 de 199, Páginas 6 y 7.  La Tarde Dominical No 293, Pereira, 8 de septiembre de 1991, Páginas  4 y 5.

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