Fernando Guinard, El Quijote colombiano

Por Felipe Ángel

Consolidar un movimiento artístico no es tan fácil. Se requieren gente diversa, oficios diversos e intereses y vocaciones diversas, no ya solo artistas. Son necesarios, en el caso de las artes plásticas, tanto el galerista como el crítico, como el enmarcador, como el estudioso. Pero existen un oficio, un interés y una vocación indispensables, los de Fernando Guinard.

GUINARD ES ESO que en Francia denominaron marchand, palabra hoy en día extendida alrededor del mundo pero con características típicas en las distintas latitudes.

Ya en El Quijote se menciona a un tal Roque Guinart.

Ha de ser por ahí por donde se podría buscar la raíz de tanta quijotada cometida por Fernando Guinard. La primera de ellas, quien lo duda, haber sido Auditor de Puentes de la ciudad de Bogotá, puesto en el cual duró dos horas, aunque hay versiones que limitan tal lapso a media. El alega que tanto en ese puesto como en otros tan quijotescos –fue banquero-, la demasía en cuanto a despelote en el escritorio lo convenció de que su profesión era la de marchand. Tanto cuadro, tanta pintura, tantos libros, tanto amigo bohemio entrando y saliendo sin corbata dejaron de ser indicios cuando Fernando Guinard se empezó a aburrir. Ahora ya no se aburre, aunque no gana tanto dinero. Ahora es marchand.

Y es que la profesión de Guinard es, a la par de básica para el ámbito de las artes plásticas, quizá el punto de vista con más elementos de juicio para entender las características que animan el movimiento artístico. No es ya el crítico sometido a la idealidad; no es el pintor o escultor, con la miopía favorable que le marca la actividad creadora de su obra; no es el galerista con el enfoque de lo que se vende o no se vende; no es el estudioso ajeno generalmente al presente, por tratar de comprender el pasado y avizorar el futuro. Es, por el contrario –o tal vez por lo mismo- la profesión que liga y une estas otras.

Fernando Guinard conoce los pintores, es amigo de los pintores; conoce los compradores, es amigo de los compradores,; conoce a los galeristas, es amigo de los galeristas; conoce a los críticos y estudiosos, es amigo de los críticos y estudiosos. Y Guinard es, todos a una, un poco pintor, otro poco comprador y vendedor, otro poco crítico y estudioso. Pero no es ninguna de estas profesiones de manera específica.

En este momento Fernando dirige el Taller Big Bang, que queda al norte de Bogotá. Con Jotamario Arbeláez ha publicado un precioso libro,  El Espíritu Erótico, en 1990. Ahora prepara un libro sobre la generación de los años sesenta. Es uno de esos quijotes con los cuales la vida lo topa a uno.

Nacido el 22 de noviembre de 1949, en Cúcuta, Fernando Guinard se graduó en el colegio de San Bartolomé La Merced en Bogotá, además de Economía en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. En vista de que importantes personalidades del mundo literario como Germán Vargas, José Hernández, María Mercedes Carranza, Moreno-Durán y Juan Manuel Roca estuvieron de acuerdo en la calidad del proyecto y en la adecuada incursión editorial, El Espíritu Erótico, Guinard tiene  ahora en sus manos una novela inédita de Elmo Valencia, Isla Nada, que fue ganadora del Concurso Nacional de novela 1967, patrocinado por Tercer Mundo Editores.

Revista Positiva, pág. 66 y 67, abril de 1994.

 
 
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