Camilo Rodríguez Rojas
2006

A lo largo de la historia, el sexo ha estado sujeto a diferentes consideraciones provenientes de diversas disciplinas y contextos históricos particulares. Las representaciones del cuerpo y la sexualidad corresponden a sistemas simbólicos que dependen de discursos subyacentes que los aprueba o los rechaza. El manejo de la sexualidad está condicionado por los lenguajes (palabras, imágenes, etc.) que definen su identidad en imaginarios específicos (arte, ciencia, erotismo, pornografía, publicidad, etc.) 

Propongo una reflexión acerca de los mecanismos por los cuales se determinan ciertas nociones de cuerpo, y cómo estos influyen en la manera en la que éste se representa y entra a formar parte de la conciencia pública.


SEXO, EROTISMO Y NOCIONES DE CUERPO

Múltiples han sido las maneras en las que se ha considerado el sexo a lo largo de la historia. La presentación y representación de esta condición ha estado mediada por nociones generadas en diferentes contextos culturales y por disciplinas particulares que establecen sus modos conceptuales de entendimiento al identificar, clasificar y juzgar conductas.

Ejemplo:

Normal ------------------------------------------------------- Anormal

El “sexo” adquiere diferentes significados y es definido a partir de sistemas críticos que fijan sus valores y límites. Las consideraciones admitidas dentro de cada ámbito, generan categorías que son aplicadas axiomáticamente a las manifestaciones individuales y colectivas. Aunque lleguen a convertirse en concepciones estandarizadas y se planteen como posiciones hegemónicas en determinados contextos y durante cierto tiempo, estas consideraciones no detentan un valor de verdad por sí mismas. Su asimilación dentro de un medio social depende de la articulación de discursos desarrollados en torno a las implicaciones conceptuales y prácticas de circunstancias históricas específicas.

El carácter relativo de las ideas en relación al sexo impide la determinación, tanto de un paradigma de autenticidad, como de una delimitación precisa cuando sistemas diferenciados se relacionan. La censura y la discusión en torno a las manifestaciones sexuales se generan precisamente en las situaciones donde coexisten diferentes representaciones o modos de entenderlas y no se puede establecer una clasificación certera que defina su carácter. Al relacionar esquemas provenientes de diferentes medios contextuales se presenta un panorama de contradicciones que parecen irremediables. Estas nociones pueden estar tan separadas que sería inútil intentar juzgarlas a partir de esquemas contrarios o jerarquizarlas a partir de su “veracidad”. En vez de esto, se propone una reflexión que intente descifrar los mecanismos de representación del sexo y sus relaciones con diferentes sistemas de pensamiento.

El sexo, como todo fenómeno o manifestación, permanece parcialmente indeterminado hasta que la acción de una consciencia crítica-interpretativa perfile su forma e implicaciones dentro del medio efectivo en donde ésta se desenvuelve. La intención de ir más allá de la información contingente y llegar al sustrato de toda consideración, a lo “natural” o “fundamental”, es de la misma manera un proceso de sistematización de pensamiento por categorías. Al afirmar los valores “auténticos” del sexo, sea en el instinto, la razón, la subjetividad, el alma, el cuerpo, la ciencia, los genes, o en fin, en cualquier condición que la pudiera contener, se esta incurriendo a su vez en la delimitación y valoración de un orden especial. Las determinaciones que conducen a la particular clasificación y separación de diferentes conceptos en posiciones aisladas, depende de los procesos dinámicos del entendimiento, y en un campo más amplio a los condicionamientos de contextos sociales.

Al revisar las diferencias entre las múltiples nociones que implican el cuerpo y la sexualidad dentro del marco de los procesos formadores de cultura, es posible entender que no  existe una conclusión general que pueda abarcar e identificar la totalidad de los fenómenos. Esto se debe a que la formulación de definiciones y modos de juicio no sigue un proceso objetivo No importa en que estatuto se esté cifrando la condición sexual, lo cierto es que el proceso por el cual ésta se instaura como apropiada no depende de la naturaleza misma de la afirmación, sino de un modo específico de ver y entender diferentes formas de relación conceptual.

Ejemplo:

Fisiología------------------------------------------------------------------Mística

SEXO

Sublimación------------------------------------------------------------Negación

La elaboración de un concepto estable de sexualidad ha estado indefectiblemente condicionada por las implicaciones de diversos órdenes reguladores. El carácter relativo y transitorio de los preceptos asignados es deducido como hipótesis, y su aceptación dentro de la esfera pública es directamente proporcional al grado de legitimización de las disciplinas que las formulan.

Este procedimiento legitimador y selectivo se revela gradualmente a lo largo del tiempo y depende de las coyunturas propias de cada contexto generacional. Existe en él un movimiento doble: Por un lado, los individuos dentro de sus relaciones sociales e institucionales van generando modos de reflexión y percepción diferentes para cada momento. Esos desarrollos forman las posibles combinaciones de ideas, bien sea para contribuir con un sistema previo o para cuestionarlo e intentar implantar una opción alternativa.

Por otro lado, las operaciones realizadas en cada caso logran instaurar estructuras complejas de pensamiento que se vuelven más o menos fijas y son implantadas dentro de la comunicación, la educación, y los modos de proceder individuales. Al alcanzar posiciones de poder dentro de las determinaciones socio- políticas, estas estructuras, creadas poco a poco por situaciones y conclusiones de diversas personas y grupos terminan por convertirse en entes autónomos e incuestionables; incluso sobrepasan su correlato humano y se imponen sobre él. Pero el carácter de este proceso es completamente dinámico. Se desenvuelve en el cambio e incluso llega a ser un movimiento cíclico: El hombre revoluciona los fundamentos de un sistema anterior que no corresponde con sus dinámicas de vida actuales. En el proceso edifica un nuevo sistema que tiende a ordenarse de forma sólida e independiente. Luego se repite la acción en otra generación al adaptarse o adaptar su entorno a las necesidades y aspiraciones surgidas en su tiempo. 

Es preciso hacer anotación paralela en este punto y especificar las ideas referidas anteriormente. Los mecanismos por los cuales se establecen los sistemas de pensamiento, su diseminación y cambio coyuntural, no obedecen necesariamente a un progreso continuo y escalonado. Esta descripción, si bien perfila las tendencias según las cuales se erige lo cultural dentro del amplio e inabarcable espectro del desarrollo humano, no alcanza a dimensionar todas las posibilidades de cognición y acción que pueden producirse dentro de la historia, una disciplina o incluso en un solo individuo.

Aunque los mecanismos detrás de las estructuras de pensamiento son similares en todas las construcciones conceptuales y prácticas humanas, éstos adquieren una serie de particularidades definitivas cuando se aborda el tema del cuerpo y la sexualidad. Al revisar los registros gráficos y literarios que representan la modificación de las ideologías a través del tiempo y la cultura, se hace patente la relación entre el manejo de los modelos de vida establecidos por entidades normativas con respecto a las manifestaciones desaprobadas o controvertidas. Si bien los conjuntos de creencias pertenecen a una gran mayoría o una minoría establecida, siempre va a existir esa doble relación entre lo que está dentro o fuera del límite. Podría incluso hablar de una interacción entre posiciones, pues en los contextos donde se desenvuelven siempre existen estos dos poderes contrarios reforzándose. 

Esta manera de proceder al organizar conjuntos de conocimiento, aunque llegue a formar sistemas ideológicos cerrados y excluyentes, no funciona de forma aislada. Si bien las ideas parten de una base común, la experiencia de cada campo específico se interrelaciona y sus significados diversifican. De esta forma se puede ver que entre cada categoría contraria existe una multiplicidad de dimensiones posibles según las cuales se puede entender la sexualidad. 

Ejemplo:

Fisiología-------------------------------------------------------Mística

Dimensiones posibles

Podría decirse que la sexualidad es en sí, el conjunto de las posibilidades de consideración y experiencia dentro los diferentes sistemas de pensamiento que la suponen.

A partir de la definición aceptada y ampliamente difundida, se puede entender el sexo como un componente biológico y genético de diferenciación física y conducta que distingue a los organismos individuales, según sus funciones en los procesos reproductivos. En este sentido, el sexo es una particularidad dada por configuraciones fisiológicas establecidas.

La sexualidad aunque está interrelacionada con este mismo principio, no funciona como una particularidad dada por sí, es más bien un proceso de desarrollo de un individuo que se asocia con una serie de fenómenos emocionales y conductas. La sexualidad parte de una base genética como es el sexo, y la reproducción, pero se desarrolla a la vez gracias a un elemento social y cultural aprendido que incluye una base psicológica y consideraciones sobre el cuerpo, la salud, la moral, etc.

La diferencia entre sexo y sexualidad en tanto procesos biológicos definidos y procesos de desarrollo psicológico, hacen parte de la forma de interpretación en la “actualidad”. Sin querer hacer afirmaciones muy generales, puede decirse que existe un concepto ampliamente asimilado para entender ciertos fenómenos, y esto constituye una manera hegemónica de determinación de ciertas formas de pensamiento.

Pero debe tenerse en cuenta que la idea de lo actual es una afirmación peligrosa.

Los conceptos explicados en la anterior sección son un ejemplo de las posibilidades de comprensión gracias a la variedad de contextos. Esa forma de entender los procesos sexuales y de diferenciarlos implica todo un sistema de clasificación que no detenta ninguna objetividad más que ser un mecanismo conceptual contingente. Las referencias de esta descripción parten de fuentes no especializadas de uso público que intentan dar una definición general y “actualizada” lo suficientemente flexible para que los puntos de vista hegemónicos puedan caber dentro de esos parámetros. La existencia de nociones hegemónicas (políticamente correctas), y otras marginales (que están fuera de los límites impuestos por la crítica) indica la contingencia de esas nociones y da la primera pista de cómo funcionan los mecanismos que le dan forma al sexo como lo conocemos. (Debe entenderse que cada persona tiene una noción diferente de acuerdo a su desarrollo, y que las afirmaciones en este ensayo no se centran en un modo de ver particular, sino que explican los mecanismos que los formalizan).

Puede decirse: aunque en la actualidad el sexo parezca algo definido, estable, y predecible fisiológicamente, esto no fue siempre así. La distinción entre lo biológico y lo cultural, en términos conceptuales es un artificio. De esta forma la explicación científica más rigurosa y más aceptada tiene la misma validez que cualquier consideración romántica o mística.  
                                 
Pero bien, por ahora, todas estas consideraciones hacen parte de la gran constelación que forma el concepto y la experiencia efectiva de la sexualidad.

 Dimensiones posibles de entender la sexualidad = SEXUALIDAD
Entendidas estas dimensiones como las posibles interpretaciones, o representaciones, se puede hacer un análisis de los mecanismos por los cuales se establecen los límites y valores en relación a la sexualidad.

Se puede establecer una diferenciación conceptual en la forma en la que se genera una significación y en cómo se accede a ella. Por un lado existen ciertas interpretaciones generadas a partir de ideas sobre la corporeidad. Éstas se constituyen en esquemas conceptuales que funcionan como marcos de referencia por medio de los cuales se le da sentido al mundo. Éstos son aprendidos y desarrollados por la educación, la vivencia directa, el desenvolvimiento intelectual y perceptivo, etc. Están fijos, casi en la forma de categorías a priori desde las cuales se hacen operaciones, relaciones, juicios de valor, etc.

EROTISMO
PORNOGRAFÍA
SEXO
LUJURIA
AMOR
PECADO
CUERPO
OBSCENO
ÓRGANO
PATOLÓGICO
SENSUAL
PERVERSO
PLACER
NORMAL
GÉNERO
DESVIACIÓN
GUSTO
VICIO
DESEO
DEGENERADO
INSTINTO
ARTIFICIAL
IMAGEN
CENSURADO
EXCITACIÓN
EXAGERADO
PASIÓN
CULPA
POSEER
PRIVADO
SATISFACCIÓN
CASTIDAD
ATRACCIÓN
MORBO

 

La manifestación de los marcos conceptuales se da por operaciones efectivas (acción, reacción, resistencia, etc.) y otras cognoscitivas (prejuicios, ideas fijas, mecanismos intelectuales, etc.).  El lenguaje tiene una función definitiva dentro de los niveles de significación que se pueden activar con base en relaciones de interpretación.

Las palabras enunciadas en el apartado anterior corresponden a un proceso de desarticulación de una serie de textos relacionados con la sexualidad. Estas palabras al estar separadas de su contexto gramatical, se establecen como unidades de sentido aisladas; aunque tienen un significado definido, éste se vuelve contingente al relacionarse con diferentes contextos. Su connotación en tanto juicios de valor se puede dar en diferentes niveles de significación, por ejemplo:

NORMAL - ANORMAL
MORAL  - INMORAL
CENSURADO - EXPUESTO
DECENTE  – INDECENTE
NATURAL – ARTIFICIAL

Podría decirse que las palabras en rojo corresponden al sexo mientras las otras a la sexualidad. Esto en el sentido del sexo como propiedad natural (dada genéticamente, irrefutable), y la sexualidad como desarrollo (generado psicológicamente, maleable, discutible). Pero, ¿Qué es lo natural en el conjunto de niveles de representación?

Las discusiones sobre los fundamentos de la sexualidad y la validez de las diferentes representaciones del cuerpo sexuado se basan en las distinciones de significación. No puede existir un consenso en la definición de lo natural, lo moral, lo normal, etc., porque todas estas son categorías definidas por instancias culturales, contingentes y en constante cambio. Incluso la idea del sexo en tanto diferenciación biológica y genética demostrable científicamente es una interpretación que no detenta objetividad. Toda imagen o noción que se pueda tener en relación al cuerpo humano hace parte de una forma de pensamiento, es una construcción (una articulación abstracta de conceptos y modos de representación). No existe un acceso no mediatizado.

“EL SEXO COMO EL SER HUMANO, ES CONTEXTUAL. Los intentos de aislarlo de su medio discursivo, socialmente determinado, están condenados al fracaso… Me gustaría ir más lejos y añadir que ese cuerpo privado, cerrado y estable, que parece subyacer en la base de las nociones modernas de diferencia sexual, es también producto de momentos culturales e históricos concretos.” (Laqueur, Thomas. La Construcción del Sexo. Ed. Cátedra, Madrid, 1994. pág. 42.)

Las nociones de cuerpo hacen parte de contingencias políticas y epistemológicas, son conceptos dinámicos y contextuales sujetos a cambio, dirección, censura, crítica, etc. La consideración que define la corporeidad y los valores de normalidad/ anormalidad no corresponde indefectiblemente a las verdades aceptadas por la ciencia, la religión, el arte, o cualquier otra disciplina. El modo “moderno” de ver el cuerpo a partir de su dimorfismo sexual, la divergencia biológica, las determinaciones genéticas, los procesos neurológicos, y las contingencias psicológicas, parece el correcto, pues puede ser demostrado de forma irrefutable por el método científico. Pero a su vez, esos métodos son construcciones epistemológicas.

“Pero también sugiero que las teorías de la diferencia sexual influyeron en el curso del progreso científico y en la interpretación de los resultados experimentales concretos. Los anatomistas podían haber visto los cuerpos de forma diferente –por ejemplo, podían haber considerado la vagina como algo diferente al pene-  pero no lo hicieron por razones esencialmente culturales. De igual modo, se hizo caso omiso de datos empíricos –las pruebas de la concepción sin orgasmo, por ejemplo- porque no encajaban en su paradigma científico o metafísico.” (Laqueur, Thomas. La Construcción del Sexo. Ed. Cátedra, Madrid, 1994. pág. 42.)

Estos planteamientos corresponden a sistemas de creencia paradigmáticos, precisos para un momento cultural específico en donde se desenvuelven. El contraste entre diferentes modos de pensamiento es una clave que demuestra la forma en la que los discursos se pueden articular y desarticular siguiendo diversos niveles de significación. El mismo concepto de “actualidad”, demuestra la forma en que las nociones cambian y pueden llegar a establecerse como correctas anulando los paradigmas anteriores y marginando los modos alternativos (que siguen coexistiendo). El concepto  en el que se formula el cuerpo corresponde a unas determinaciones históricas y epistemológicas definidas así como a un sentido político que establece un orden crítico.
 
Las representaciones del cuerpo y el sexo corresponden a sistemas simbólicos que dependen de discursos y contextos subyacentes que los aprueba o los rechaza. El manejo de la sexualidad se basa entonces en los lenguajes que determinan su identidad.

Los lenguajes corresponden a sistemas simbólicos (imágenes, palabras), que se constatan en niveles narrativos, relacionados con diferentes niveles de significación.

La imagen del cuerpo y el sexo es una representación cognoscitiva y mediatizada; la forma de acceder a ella por medio de esquemas conceptuales determina los modos de su presentación, y circulación. Esto corresponde a un proceso de sintaxis semiótica diferenciada contextualmente. Cada conjunto de creencias construye la imagen del cuerpo de acuerdo a sus niveles significativos y forma un imaginario colectivo, es decir un conjunto articulado de representaciones simbólicas referidas a sus propios conceptos. Los imaginarios constituyen los modos epistemológicos de cada sistema; componen el conjunto de interpretaciones discursivas desde los fundamentos de sus consideraciones y a la vez determinan que se puede pensar o no dentro de ellos.

Existen diferentes tipos de imaginarios clasificados a partir de ciertas nociones preconcebidas del cuerpo. Entre estos se incluyen las siguientes:

Erotismo        Pornografía        Arte     Religión     Ciencia     Publicidad

Cada una de las anteriores corresponde a una categoría parcialmente definida que usa la representación del cuerpo y la sexualidad dentro de sus medios simbólicos. La calificación de cada una responde a modos relacionales determinados por esquemas cognoscitivos contingentes. Sus valores y límites no están estipulados de forma concreta dentro de los sistemas críticos. Todas estas instancias permanecen parcialmente indefinidas y generan debates en tanto a sus límites y contextos “adecuados”. Los sistemas coexisten dentro de las dimensiones posibles en las que se puede considerar la sexualidad, pero a partir de las diferentes interpretaciones y operaciones de reconocimiento simbólico, y siguiendo los procesos sintácticos de representación, las características de cada medio son aisladas y consideradas particularmente. De esta forma, los imaginarios que parten de la noción de la condición sexual se clasifican por criterios taxonómicos de similitud, contraste, contradicción, etc. La forma en la que se presentan, su circulación y en últimas su efecto ante la conciencia pública hace parte de esas relaciones contextuales referidas a modos particulares de entendimiento.

“En efecto, si el estructuralismo nos ha enseñado algo es que los humanos imponen su sentido de la oposición a un mundo de tonos continuos en la diferencia y similaridad.” (Laqueur, Thomas. La Construcción del Sexo. Ed. Cátedra, Madrid, 1994. pág. 46.)

Los diferentes conjuntos simbólicos agrupados en categorías más o menos delimitadas dan cuenta de las múltiples maneras de pensar y de reconstruir el cuerpo. Dentro de sus campos referenciales, cada grupo con sus propias consideraciones establece la forma en la que se desarrolla la identidad sexual y la noción de sujeto (dentro de los parámetros de la normalidad/ anormalidad).

Para la sensibilidad moderna, uno de los patrones de representación más aceptado es aquel que parte de la psicología. Es interesante realizar un análisis de las nociones provenientes de esta disciplina dado que en esta tendencia de pensamiento se tiende a buscar explicaciones predecibles para cada acción- reacción- movimiento- pensamiento, que determinan ideas fijas y límites entre un supuesto normal- natural- lógico y un artificial- degenerado- patológico.

En este pequeño apartado puede verse como la acción de la psicología obedece al proceso antes descrito de la representación contextual. Son los mecanismos del lenguaje los que determinan los niveles de significación. El constante cambio de los conceptos y pensamientos fundamentales de las ciencias, muestra el panorama de los mecanismos por los cuales se le otorga sentido al cuerpo gracias a consideraciones elaboradas de lo que es o no es “natural”. Con respecto a la sexualidad, es fácil ver cómo las afirmaciones se acomodan  a los diferentes momentos históricos, culturales y políticos; de esta forma se puede pasar de la negación y represión de ciertas manifestaciones sexuales a la tolerancia y aceptación de esas mismas.  Pero esto hace parte de la historia de cada disciplina, lo que nos concierne es la manera en la que la identidad sexual se convierte en un signo (o imagen) gracias a la “subjetividad” en la determinación de conceptos de representación.

Aunque la siguiente afirmación es así mismo contingente, es un hecho que gracias a formas de asociación de ideas y algunos procesos perceptivos y cognitivos, la diferencia sexual se produce de forma subjetiva. El impulso sexual es diferente para cada individuo y las respuestas a los diversos estímulos varían. La atracción o el placer corresponden también a niveles de significación. La idea de lo normal, lo aceptable, lo deseable define lo que sería placentero, correcto, o atractivo. La manera de reconocer las particularidades de la propia sexualidad es analizar los símbolos que nos refieren a estímulos sexuales. Esto hace parte de la forma en la que se construye la noción de cuerpo,  se definen zonas y modos de placer así como maneras de presentarlos.

Un ejemplo claro de la construcción de la subjetividad sexual se encuentra en las descripciones del fetichismo.
 
 “La forma individual del amor sexual está determinada en cada ser por una especie de fetichismo. Cada individuo da preferencia a ciertas peculiaridades de su objeto sexual, hasta el extremo de que representan para él precisamente la condición amorosa. La mano, el pie, la oreja, la voz, los ojos, el cutis, el aroma, el seno y otras partes del cuerpo han sido siempre “fetiches”.” (Stekel, Wilhelm. El fetichismo: desordenes con relación al sexo. Ed. Imán, Buenos Aires, 1952. pág 15)

Es clara la forma en la que el estimulo sexual puede ser originado por algo incapaz de satisfacer los fines reproductivos o las necesidades genitales. La atracción puede ser causada por factores que ni siquiera incluyen el cuerpo, como situaciones específicas u objetos inertes: fetiches (objetos en los que alguien centra su atención sexual). Los mecanismos de la sexualidad responden a niveles diferentes de los estrictamente biológicos, se dan en una base sensible, psicológica y sensorial. Por su naturaleza, estos niveles están sujetos  a toda clase de interpretaciones.

“Basta con examinar escrupulosamente al hombre llamado normal para descubrir que todos tienen sus lugares predilectos, sus zonas erógenas, a las que dan su preferencia y acrecientan su libido.” (Stekel, Wilhelm. El fetichismo: desordenes con relación al sexo. Ed. Imán, Buenos Aires, 1952. pág 15)

fetichismo “se refieren todas a degenerados que experimentan una excitación genital intensa mediante la contemplación de ciertos objetos inanimados que dejan completamente indiferente a un hombre normal.(Bidet, en Fetichismo en el Amor.)

La significación referida a los diferentes modos sexuales genera formas específicas de ver. La imagen del sexo es descrita dentro de cada contexto de una forma diferente ya que las concepciones se articulan en distintos medios e intenciones. La cultura dominante ha usado estos mecanismos de establecimiento conceptual para definir los órdenes por los que se “debe regir la sexualidad.” Existen prácticas culturales relacionadas al fetichismo en relación a la exageración del gusto, ideas frecuentemente repetidas y estereotipadas por la moda o la definición de prototipos de belleza o normalidad.

“En el mundo contemporáneo ciertas prácticas culturales y económicas ejercen su poder sobre individuos y colectividades; mediante representaciones estandarizadas del cuerpo fijan e imponen una subjetividad. Imponen al deseo y al consumo un canon de belleza y salud que pretende eliminar la enfermedad, el sufrimiento, la fealdad, y la deformación como experiencia de la propia corporeidad: estilización aséptica del capitalismo... Así, hacer una crítica a estas representaciones, implica hacer otro tanto con respecto al sujeto, al yo: el cuerpo es fábrica del yo.” (Introducción de EL CUERPO, FÁBRICA DEL YO. Editorial, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá D. C, 2005. pág. 11)

Estos procesos de significación funcionan a partir de mecanismos similares a las maneras psicológicas en las que se relacionan los estímulos sexuales.

“El fetichismo amoroso, pues tiene una tendencia a separar, a separar por completo de todo lo que le rodea el motivo de su culto, y cuando ese motivo es parte de una persona viva, el fetichista procura hacer de esa parte un todo independiente. La necesidad de señalar con una palabra que sirva de símbolo a esos motivos fugaces del sentimiento, nos ha hecho adoptar el término abstracción.” (Bidet, en Fetichismo en el Amor. pág. 68)

El hecho es que por medio de los mecanismos de determinación cultural, algunas características, al pasar por filtros conceptuales son valoradas como correctas para un cierto contexto, mientras que otras son rechazadas. El proceso es una elaboración abstracta que califica los diferentes niveles de significación del cuerpo, y los separa en categorías; cada una diferenciada por un medio formal y una incidencia sobre la manera en la que es percibida.

Bidet introduce el término “amor plástico” para describir la atracción fetichista por un fragmento o abstracción de una parte de la persona amada. La forma de aproximarse a los estímulos sexuales parte de un proceso de representación del cuerpo. Éstas tienen un carácter plástico en tanto son maleable, están sujetas a la movilización de significados.

Texto en proceso. Última Actualización, Octubre 15, de 2006.

     
 

Libros - Frases Célebres - Virgenes - Poesía - Nadaísmo - El Comic Manga - Artes visuales. Los 50 de la Memoria - Erotismo Prehispánico - El Erotismo del yo
Erotismo y Nociones de Cuerpo - Homenaje al Museo Arte Erótico Americano MaReA y Fernando Guinard - Art & Eros Festival, 2008 - Feria de la Sexualidad
MaReA en Quito - Tiempo de Amor y Erotismo - Fiesta de Eros - Homenaje a Ángel Loochkartt - Bienal de Amor & Éxtasis