La casa del deseo

Por Sergio Ramírez
 

LO EROTICO ESTA DE MODA. EN BOGOTÁ HAY FERIAS Y EXPOSHOWS, PERO TAMBIÉN DESCUBRIMOS EL PRIMER MUSEO ESPECIALIZADO DE AMÉRICA LATINA. LA OBSESIÓN DE FERNANDO GUINAR

En el sector de Niza, la casa de Fernando Guinard está llena de cuerpos desnudos entrelazados, acariciándose, besándose, mirándose, apoyados en las paredes o arrumados en el piso, en la sala, en las escaleras, en la biblioteca y hasta en el garaje.

Economista de la Tadeo, este hombre fue aspirante a banquero, asesor del Instituto de Desarrollo Urbano de Bogotá e incluso Auditor de la Contraloría, responsable de ver en qué se gastaban la plata de la construcción de puentes, durante la administración de Hernando Durán Dussán.

Sin embargo, el ambiente institucional no era para él. De su último puesto fijo y oficial (El de contralor) renunció media hora después de posesionado. Entonces, en 1999, fundó el primer museo privado de arte erótico de América Latina y hoy es abanderado del erotismo, monarca en un reino que los más moralistas (incluyendo a unos de sus hijos, convertido al cristianismo evangélico) llamarían “perversión”.

Tras su fugaz paso como empleado público Guinard optó por convertir su afición por la pintura en profesión y devino en marchand de arte.

Uno de sus amigos no sólo financió su aventura, adquiriendo alguno de los cuadros que comercializaba y remitiéndolo a sus amistades, sino que le prestó su apartamento para que lo usara como improvisada galería donde terminaron acumulándose las obras más difíciles de vender.

“La gente no quería comprar desnudos y algunos de los que compraban volvían a los tres días a devolverlos porque a su esposa no le había gustado o porque los niños no podían ver eso en la sala”.

Sin saber muy bien que hacer comenzó a convertir esas obras en su colección personal, hasta que hace cinco años -por iniciativa del artista y publicista Ángel Beccassino- vio la posibilidad de hacer algo más. “Beccassino estaba organizando la I Bienal de Amor y Éxtasis y me dijo que porque no hacía algo con esas obras”.

Esa primera exposición en la Galería Iber Arte de Bogotá se convirtió en el acta de creación del Museo Arte Erótico Americano, que vendría a confirmar la imagen que Guinard había comenzado a fabricar diez años antes, cuando en compañía del poeta Jotamario editó, en su propio sello (El Taller De-Mente-Colombiano), el libro
EL Espíritu Erótico.

En 1990 en su columna del diario El Colombiano, de Medellín, el cardenal Alfonso López Trujillo fustigó el texto y lo acusó de ser nuevo intento para relajar las costumbres morales de los colombianos, atacando de paso al ministro que se había atrevido a asistir al lanzamiento de semejante obra y había firmado una felicitación en el libro de visitas. Se trataba del ese entonces titular de la cartera de Salud, Antonio Navarro Wolf.

Desde que Epifanio Garay se atrevió a mostrar en público el primer desnudo, La mujer del levita Efraím, (hoy propiedad del Museo Nacional), por allá en 1899, el arte  que plasma el cuerpo humano desprovisto de ropas, ha tenido no pocos problemas. Para aquella exposición se prohibió la entrada a menores y se advirtió que quien se atreviera a cruzar sus puertas lo hacía bajo su propia responsabilidad.

Algunos de los más conocidos artistas nacionales, desde Andrés de Santa María hasta Fernando Botero, pasando por Pedro Alcántara Herrán, Pedro Nel Gómez, Darío Morales, Luis Caballero, Ángel Loochkartt y Leonel Góngora, entre otros, han explorado el polémico tema.

Ahora no son muchos los que se negarían a tener en su sala una obra de Darío Morales, aunque, según Guinard, “es más por contarles a los amigos que tiene 200 mil dólares colgado de la pared que por un interés estético”.

Hoy en día el museo de Guinard cuenta con un poco más de 150 obras, que ha colgado en exposiciones temporales en la Universidad del Zulia, en Venezuela; la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en Quito, o en el Museo de Arte Moderno La Tertulia, en Cali.

Ha tenido un relativo éxito pero las críticas no cesan. José Ignacio Roca, encargado del departamento de Artes Plásticas de la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, le recomendó olvidarse del proyecto: “Eso es como tratar de crear un museo del paisaje, o del bodegón, no tiene sentido”.

El crítico caleño Carlos Jiménez, con motivo de la exposición en la Tertulia, le aseguró que museo de Arte Erótico Americano era un nombre demasiado rimbombante para lo que realmente había, e incluso Esteban Jaramillo,* propietario y director de la Galería La Cometa, le recomendó asesorarse mejor pues “en esa colección hay demasiada basura”.

Guinard reconoce que, teniendo en cuenta que su museo funciona en gran parte gracias a donaciones de los artistas, se le hace difícil realizar una exhaustiva selección. “Otra cosa sería si tuviera el dinero para comprar lo que quisiera”. Por eso, mientras el arte erótico sigue ganado espacios y planteando controversia, Guinard sueña con una donación de Bill Gates quien, asegura es el mayor coleccionista de arte erótico en el mundo.

Revista Cromos, octubre 3 de 2005, páginas 70 y 71.


*El galerista Esteban Jaramillo es conocido como "la bandeja paisa".

Cuando estabamos realizando con Jotamario el libro El Espíritu Erótico, nos preguntó que quién era ese pintor que nombrabamos tanto de nombre Eros. Ji, Ji, Ji.

 
 
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