Las fabulosas historias de Farmíneda de las Pléyades

Para leer con una vela en la noche de las brujas y los espantos

Por Ricardo Rondón Ch
 
  ¡Las brujas! ¡Ay!, las brujas, cuantos kilómetros y kilómetros de tinta indeleble se han escrito sobre estas desvergonzadas. Desde las fétidas y escalofriantes brujas de Altamira, pasando por las aterradoras y desgraciadas del Peloponeso, las legendarias brujas de Salem, hasta las maquiavelas y desaforadas brujas de Sutamarchán, en Boyacá, que le chuparon la sangre a muchos campesinos, luego de devorarles la longaniza. Si, las brujas, así no crean, las hay porque las hay. Yo las he visto con mis propios ojos con las que se darán un lacrimógeno banquete los gusanos. Yo les he soportado las incendiarias “jumas”, las he asistido en sus terribles dolores, cuando la sal las penetra, y el sol les destroza las pupilas. Las he visto fugarse de mis piekles, en ráfagas tormentosas y lenguas, y llamaradas. ¡Las brujas!, las malditas brujas, pérfidas, crueles e ingratas.

Aquí les tengo una para cremarla hoy, como se lo merece, por loca, caprichosa y aventurera. Eso sí, un pozo de talento, de literatura sicótica, de una demencia maravillosa.

Ella es Farmíneda de las Pléyades, la faraona del taller de Guinard. Viene con sus apuntes de loca interplanetaria. Viene alucinada, provocativa, sádica, como siempre ha sido, inmortalizada en el averno, gestada en los tétricos laboratorios inmersos en las cocinas de plutonio y uranio.

Dejemos, pues, que Farmíneda de las Pléyades nos hipnotice con sus fabulosas historias, con sus errabundos y sicóticos personajes, que hacen parte de nuestra genealogía, de nuestra mística, y de la ecología si se quiere.

“No quiero ser ave de mal agüero, pero estoy de paso y regreso en el tiempo. Recibí de los dioses el don de la eternidad. Vine a la tierra una luna nueva de noviembre y sembré en mi vientre la semilla que inmortalizará a la especie humana. Pues el fin del mundo se acerca.

“Los cometas aparecerán con más frecuencia; los perros y los gatos negros arrastran sus extremidades posteriores quebradas por la violencia; las gallinas viejas engendrarán gusanos de ojos verdes; el diablo deambulará con una olla podrida de plomo hirviente para fabricar balas que matan en una guerra que emanará un olor a mismas y tierra humedecida por sangre derramada por víctimas yacientes con las cabezas desposadas sobre vientres destrozados, cuyas entrañas fueron carcomidas por puñales.

“Heme aquí en 1994, enamorada de un amante maravilloso, un descoyuntador magnífico, quien ayudado de bebedizos,  de conjuros y hechizos logro seducirme.

“Estoy en un país excepcional y maldito en cuya capital le rinden culto al niño que inmortalizo a Kafka, el país del oro y las esmeraldas; el país de los pintores y los poetas; donde los gallos cantan  a la hora de los noticieros nocturnos, y las brujas se alimentan de escrotos de niños, sesos de sapos y mandíbulas de lagartos mientras escapan a la luz de velas chirriantes que se apagan con aullidos de perros posesos. Este país fabricante de vida que se muere con rapidez como los demócratas de la destrucción.

Cuchaviva
Enemigo de la planificación familiar, Dios de las embarazadas y de las irresponsables seguidoras de preceptos religiosos que se entregan a la locura sexual para engendrar en sus vientres diabólicos ángeles desprotegidos.  

La Madre Monte
En una época fue amante del Mohán antes de que éste enloqueciera contaminado por el hombre. Era violenta, mataba sin piedad a cazadores deportivos y leñadores progresistas. Eran los tiempos cuando ella también era bella, con su carita cubierta de humedad y su cuerpo de selva. Hoy es una piltrafa de cuerpo carrasposo y mirada roja impregnada de polvo y cemento.

La Tarasca
Reina del despropósito, del estertor, es una jetona de mordida dura que desciende de una horrible bruja con poder pero desdeñada por los hombres. En venganza por el desprecio que le infligieron a su antepasada, se convirtió en enemiga de los escépticos susceptibles a la feúra y en andrófaga que mata a tarascazos a quienes no la poseen. Lo más triste es que muy pocos descubren, que como nunca hace el amor, cuando lo hace es delicioso…

A veces las víctimas, llevan el escapulario causante de grescas fenomenales que terminan cuando la tarasca abre su gigantesca jeta. 
  
La Patetarro
Novia arrepentida muerta antes de la consumación. Después de la ceremonia nupcial, las latas y los tarros que la limosina arrastraba con estridencia informando la buena nueva, se le incrustaron en todo el cuerpo cuando cayó al pavimento luego de un tenaz forcejeo con el marido a quien no amaba. Hoy, con su vestido blanco y su pata aceitosa, vuela por las casas de las novias inseguras en vísperas del día más feliz de sus vidas.

El contra: es el amor, que sólo existe en la mente de los sicóticos.

La viuda negra
Los sábados, día de la Virgen del Carmen, en los entierros de muertos que en vida fueron importantes, aparece la viuda tapando su rostro y sus turgencias con un velo negro transparente. Es la dama de la hipnosis, adolescente psicópata, terror de millonarios inteligentes y bien plantados que cambian, sin saber, su dinero y su vida por una ilusión.

Los duendes
Neuróticos que abundan en el desorden imperante. Su hábitat son los bosques de bonsái de las señoras pacientes.

Cuando hay sol y lluvia se emocionan, cantan, leen poesía, y se vuelven transgresores convirtiéndose en la dicha de adolescentes emburundangadas que hechizadas por su miniatura se descoyuntan sin vergüenza.

Las brujas
En los aquelarres son las primeras en llegar y las últimas en partir. Atadas por un destino común, su escasez de belleza, se dedican a componer conjuros y a leer la mente de supersticiosos enyerbaos por la imaginación. Luego bailan y se emborrachan hasta el ridículo para caer en brazos de personajes que se emocionan con su fealdad. Al amanecer dejan a sus amantes con una sonrisa estúpida de satisfacción y se encaraman desnudas en las escobas que las llevarán a sus dominios.

Se atraen con porciones de carne condimentadas con cebolla, tomate, ajo y pimienta.

La Patasola
Llamada también la Pechisola, es una descoyuntadora de hombres, andróvora por excelencia y ninfómana loca por la pasión no correspondida.

Se transforma de bruja en hechicera divina sin necesitar maquillaje.

Desnuda es una maravillosa mujer colunga de seno erecto y azucarado, orquídea sensacional y nalgas titilantes y provocativas.

Cuando no hay hombres invoca a Safo y tomadas de la mano se pierden entre la poesía y el ambiente.

La dama verde
Princesa del placer y la prostitución.

Ronda las zonas esmeraldíferas hipnotizando guaqueros con sus lascivos movimientos que inducen a seguirla hacia los profundos socavones donde les exprime la vida y la bolsa llena de morralla.

Luego con el producto de sus poderes se emborracha hasta el amanecer y sale de nuevo a su rutina de enamorar mujeriegos ingenuos.

La infanta maldita
Su voz es de ultratumba, muy parecida a la de las presentadoras de música clásica de las emisoras cultas.

Pachucha del corazón, no tiene piedad con los hombres a quienes odia por haberla violado y matado en un cuartel el día de su primera comunión.

Texto publicado en El Espacio, Página 18, sábado 30 de octubre de 1993

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