Las perversas mujeres de Góngora

 Por Fernando Guinard

Eduardo Escobar piensa que la mayoría de los humanos se dan cuenta de la importancia de sus amantes o vecinos cuando se mueren.

Leonel Góngora cumple un año de estar en el infierno. El infierno poético es el Jardín de las Delicias del El Bosco.

El infierno religioso e inexistente es una perversión de aquellos que se han enriquecido con la ignorancia de los humanos y con su miedo a la nada después del goce y el sufrimiento en este mundo tan loco y extraño.

Gilberto Hernández, amigo y cómplice de Leonel Góngora, le rinde un homenaje a su amigo perverso. Expone dibujos, pinturas y trabajos inconclusos que no pudo terminar porque la eterna compañera que nos acompaña y nos acaricia hasta el último suspiro lo abrazó con su manto de tinieblas.

Dibujos influidos por Cuevas, dibujos de la serie Las bogotánicas, expuestos en Bogotá, en 1991, que hicieron exclamar a la mona Escallón lo siguiente: “es el retrato del cansancio: la siempre mujer larga y flaca, de manos largas, de uñas largas, de ojos largos, de cara larga, de piernas largas resulta siendo una larga aburrición agresiva en ropa interior”.

Pero el perverso de Góngora, experto en mujeres de varias calañas, fue un experto en extraer el alma de las perversas, que por casualidades de la vida, terminan de modelos de modistas o críticas de arte retratadas en su íntima perversión.

Cada centímetro de la línea de Góngora agrede la interioridad de las Viudas negras que matan a sus amantes para extraerles las últimas gotas de sudor.

Son las andróvoras o devoradoras de hombres que arañan con sus uñas largas y aprisionan con sus piernas largas de anoréxicas modelos los miembros largos de sus amantes ingenuos.

Son las mujeres fatales que aparecen disfrazadas de Tarascas, Patetarros, Brujas Terribles, Patasolas, Damas Verdes, Lengüilargas y Marías las Largas, que rondan por ahí, en cualquier desfile de modas o en cualquier periódico o en cualquier casa sadomasoquista, o en cualquier recinto donde se practiquen todas las posiciones amatorias pornográficas.

Y a propósito de perversas, una gran amiga, actriz y política elegida en el país más católico del mundo contaba que sus productores, antes de que ella comenzara a actuar, le decían que el erotismo es filmar el amor con un candelero en el fondo, el porno es cuando ya no hay candelero”.

La Cicciolina, tan perversa pero tan bella veía más obscenidad en otras partes, como en los diputados y ministros, esos marranos gordos que sostiene el tráfico de armas y de drogas.

Góngora embellecía con su línea de excelente dibujante, el espíritu erótico y el espíritu maligno de sus mujeres reales y ficticias.

La Galería Terracota realiza la exposición Evocación Erótica, un homenaje póstumo a l maestro Leonel Góngora. En el catálogo se publican textos de Ángel Loochkartt, Parmenio Angarita, Álvaro Marín Ocampo, José Chalarca y Fernando Guinard. Bogotá, viernes 10 de noviembre de 2000.

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