Mauricio Zequeda y la estética del rebusque.
                   
 

 

Por Fernando Guinard

"El jurado quedó impresionado por la intensidad de la pintura de Pedro Mauricio Zequeda Hernández. La maestría plástica y técnica de los medios de expresión es evidente. Esta maestría revela una imaginación inquieta que lleva a la meditación sin que eso signifique que la representación sea en nada anecdótica. El mundo interior que refleja su obra permanece enigmático.”

Con estas palabras, el día 23 de enero de 2007, Pascal Bonafoux, John Sillevis y Safet Zec, miembros del jurado del Premio y Salón Fernando Botero, exaltaron la pintura del maestro Mauricio Zequeda titulada, Algo más que un rincón, ganadora del galardón más importante de artes visuales que se entrega en Colombia.

Dicen algunos que un premio lo puede ganar cualquiera, sobretodo en este país donde el enigma oculta las cercanías de confraternidad entre electores y elegidos.

Mauricio Zequeda triunfó porque era el mejor mago creador de cosmogonías propias de la estética. Un jurado internacional, exento de influencias malignas gestadas en la periferia de la moda, lo premió.


El jurado estuvo integrado por el holandés  John Sillevis, historiador de arte y arqueología,  doctor, curador y director de curaduría en el Gemeente-Museum de la Haya, quien ha curado exposiciones de pinturas  de William Turner, de la escuela de Barbizon, de Edgar Degas, Gustave Courbet, Bernard Buffet , Fernando Botero,  Karell Appel, Frida Khalo y Auguste Rodin, entre otros; también hizo parte del jurado el pintor y dibujante serbio Safet Zec, residente en Venecia; y  el novelista e historiador de arte Pascal Bonafoux,  comisario de importantes exposiciones de arte contemporáneo en Praga, Dublin, Tel Aviv, China y Korea, entre otros.

Mauricio Zequeda . Foto MaReA
 

Algo más que un rincón brillaba con luz propia entre formas abstractas y figurativas con gran fuerza expresiva. Pintura de matices y contrastes, composición dinámica de formas que se revuelcan y se fusionan en un mundo paralelo soñado por un visionario de formas no banales.

Antes de obtener este reconocimiento Mauricio Zequeda había participado  en las dos versiones anteriores del mismo certamen, y había participado en innumerables exposiciones de espacios universitarios, galerísticos, culturales  y no convencionales.

Viajaba adonde le abrieran las puertas para mostrar sus formas y contenidos muy personales,  con toquecitos de la gestualidad  de Luis Caballero, y toquecitos de las atmósferas  de su maestro Miguel Ángel Rojas, y toquecitos de los personajes anónimos del Genovés, que deambulan por la cotidianidad de espacios urbanos en realidades pictóricas.

Mauricio Zequeda es noctámbulo, sonámbulo, sano, silencioso, siempre está en el momento preciso. A veces en el lugar indicado, otras veces no.  Le da lo mismo. La vida es una tómbola. Si está líquido, como dicen los financistas, pinta en lienzos de formatos grandes. Si está ilíquido trabaja in situ, en los pisos, paredes, techos y ventanas de espacios museísticos, o donde sea, a cualquier hora, y pinta o dibuja cualquier cotidianidad. Se extasía con el concepto placentero de lo efímero, y con el concepto del violador violado que penetra espacios para intervenirlos y que a la vez es penetrado por espectadores  violadores  que intervienen y violan su expresión efímera, sus formas y sus contenidos, y resignifican su trabajo para llevarlo a una muerte prematura pero registrada en la memoria audiovisual.

Los cuerpos estáticos que plasma caminan, se detienen, se contonean, se exhiben, desaparecen.

Mauricio Zequeda es, tal vez, el artista más antiacadémico que haya pasado por la academia. Es expresión pura.  Parece que no ha sido tocado por hilos conductistas, de ahí su desfachatez que lo salva de las cuadrículas dogmáticas y estériles.

Su lenguaje no es insulso ni verborreico, tiene su propia sintaxis; además es portador de nuevas significaciones  y valores informativos que construyen su semántica, y ejerce influencias en un contexto social para animar su pragmática.

Zequeda vive en continuo desplazamiento. Lo escoltan un sencillo y eficaz carboncillo, uno que otro lápiz, porciones de realidad cotidiana, y su gran talento.  

Es contemporáneo por la experimentación con la realidad que transforma por la magia que irradia a las formas inanimadas que le sirven de modelos y a las que les insufla vida, movimiento, tensión, misterio. Reivindica el dibujo en grandes formatos.

La obra de Zequeda es muy cercana a su vida.

 Siempre he percibido, por lo menos en los pocos dibujantes y pintores que han renovado la historia del arte y que han influido en los cambios con respecto a las nuevas miradas del hombre- espectador, que la obra es el producto del carácter y el temperamento del creador-autor, el producto de su ser psíquico racional e irracional.

 Zequeda viaja por la vida y por el arte con su carga de objetos de la cotidianidad salvados del rincón de la obviedad: maletas donde guarda sus sueños y embrujos, bicicletas con las que recorre las vías para colaborar a descontaminar el ambiente de falsedad y perversión que inunda las atmósferas de la realidad, del arte, y de los espíritus; tenis para saltar por el banal mundo del arte modista plagado de fobias dogmáticas e impertinentes que acechan con sus cargas da banalidad.

 Es un viajero insólito, y recursivo como la gran mayoría de colombianos que luchan día a día por ser mejores hombres inmersos en atmósferas de hipocresía y desafecto.

Su obra es  para coleccionistas de percepciones estéticas, gente culta y refinada con un toque de sensaciones no estériles.
 
Texto publicado el la revista Pensamiento y Cultura, Revista de Humanidades. Vol. 11 Núm. 2 . 213-346. Diciembre de 2008.
Universidad de La Sabana, Institudo de Humanidades.
 
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