Los niños secretos, verdaderos y pictóricos de Samuel Muñoz

Por
Fernando Guinard

El pintor Samuel Muñoz nació el 10 de junio de 1933 en el municipio de Vélez (Santander) y murió en Bogotá el 4 de septiembre de 2001, a la edad de 68 años.

Realizó sus estudios artísticos en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, luego, becado por la misma universidad, por ser el mejor alumno de su grupo, viajó a Italia donde se especializó en pintura, en la Academia de Bellas Artes de San Marcos, en Florencia.

Durante su estadía en Europa visitó Francia y España, y cuando regresó a Bogotá se vinculó como profesor al Gimnasio Moderno donde trabajó durante 30 años y se retiró con su pensión de vejez e invalidez. A los sesenta años un coma diabético lo tiró al suelo, del porrazo su mano izquierda se lastimó, y se gangrenó, y se la amputaron.

Samuel Muñoz pertenece a la generación de artistas plásticos posteriores a la que se considera como la generación primigenia del arte moderno en Colombia, entre los que se encuentran: el pintor Alejandro Obregón (1920-1994), el pintor y dibujante Enrique Grau (1920-2004 ), el escultor-diseñador Edgar Negret, (1920), el pintor y grabador Juan Antonio Roda (1921-2003), el pintor y dibujante Augusto Rivera Garcés (1922-1982), la pintora y grabadora Lucy Tejada (1924), el pintor y escultor-diseñador Eduardo Ramírez Villamizar (1924-2004).

La generación de Samuel Muñoz (1933-2001) es la  del pintor, dibujante y escultor Fernando Botero (1932), el dibujante Leonel Góngora (1932- 1999), la tejedora de ensueños Olga de Amaral (1932), el dibujante, grabador y pintor Augusto Rendón (1933), el pintor Ángel Loochkartt (1933), el pintor Carlos Granada (1933), la ensambladora Feliza Bursztyn y el dibujante y escultor Jim Amaral, generación que constituye, en este momento (2007), la flor y nata de la plástica actual.

A mediados de la década del 50, en 1956, Samuel Muñoz fue distinguido con el Primer Premio en el primer Salón Francisco Antonio Cano, el Salón donde exponen los estudiantes de Artes Plásticas de la Universidad Nacional.

Marta Traba, tan bella, tan inteligente, tan  instruida y contestataria, había llegado a Colombia en 1954, tenía 24 años y estaba en el esplendor de su feminidad. Se había vinculado a la Universidad de América, en Bogotá, como profesora titular de Historia del Arte. Con el correr del tiempo se convirtió en reina de la opinión crítica, y en reina de la alfabetización de las masas incultas, y en acérrima enemiga de la cultura de la incultura, por medio de sus cursos de Historia del Arte Moderno, Latinoamericano y Universal en los programas Una visita a los museos y el ABC del arte,  de la recién inaugurada Televisora Nacional. Enseñó también en la Universidad de los Andes y escribió sus polémicas y subjetivas opiniones en el periódico Intermedio (El Tiempo) y las revistas Cromos, Estampa y Plástica, continuando con la labor crítica y alfabetizadora que había iniciado Casimiro Eiger con sus programas en la radiodifusora Nacional de Colombia en el año 1949.


Marta Traba, quien escribía en el diario Intermedio – El Tiempo, desde 1956, se retiró temporalmente de El Tiempo en 1958, por una de esas disputas que ella mantenía, con quien fuera, pero en junio del mismo año regresó, y la aceptaron. O le pidieron que regresara, y regresó.

El 5 de julio de 1958, Gonzalo Arango vomita la primera definición del nadaísmo: “Es una rebelión conciente de la juventud contra los estados pasivos del espíritu y la cultura”.

El 20 de julio de 1958, tan sólo hace 49 años, en su columna CRÍTICA DE ARTE, del diario El Tiempo, y que tituló Los jóvenes tienen la palabra, habla sobre los ganadores de los últimos tres salones Francisco Antonio Cano, manifiesta lo siguiente:

“La exposición de los alumnos de la Escuela de Bellas Artes inaugurada el viernes pasado en la arquería del Museo Nacional, es la más confortable y halagadora intervención de los jóvenes en los problemas teóricos y prácticos de la pintura en Colombia (…)  Pesaba sobre ellos, además, la desventaja de haberse formado en una Escuela de Bellas Artes desprestigiada, oscura y académica, que había tenido el cuidadoso celo de llevarlos hacia un realismo impersonal; y también el beneficio de haber salido, apenas hace un año de esas desastrosas disciplinas entrando en contacto, después de la renovación de las autoridades y profesorado de la Escuela por el 10 de mayo, con los pintores más valiosos de la escuela.

Tironeados por tan diversos intereses y formados de manera tan caótica, la respuesta plástica de esta exposición de mediados de año era totalmente imprevisible. Pero la han dado con una inteligencia y un instinto seguro de los valores pictóricos. (…) ¿No es prematuro hablar de un estilo tratándose de estudiantes? En general sí es prematuro: pero algunas satisfactorias excepciones nos autorizan a emplear una palabra que está destinada a pintores más maduros. Entre los tres premios de los últimos años, Samuel Muñoz, Primer Premio, Moreno (Pedro) y Riveros (Ramón), menciones, mayor personalidad aparece en los dos últimos que en Muñoz. Sin embargo, los trabajos de Muñoz, a mi juicio, son superiores porque el tratamiento y la riqueza de las relaciones colorísticas, la novedad de la composición de las formas dentro del cuadro, la técnica impecable y cuidada, la vigilancia de todas las partes del cuadro, nos subrayan un criterio plástico extremadamente riguroso y acertado (…)”.

En el año 1957, entre el 12 de octubre y el doce de noviembre, se celebra el X Salón Anual de artistas colombianos, el primero al que Marta Traba tiene acceso. Samuel Muñoz participa en él. Los premios en pintura son para Enrique Grau, Lucy Tejada, Fernando Botero, Jorge Elías Triana, Alejandro Obregón, Gisela Ballesteros, Francisco Cárdenas, Luis Chaux, Marco Ospina, Judith Márquez y Eduardo Ramírez Villamizar.

1961 fue al año en que Casimiro Eiger, Walter Engel, de la Librería Central, y Marta Traba crean el premio de la crítica en los salones nacionales, premio que fue otorgado a Fernando Botero con el desnudo de una mujer. Fue el año cuando Casimiro Eiger, después de permanecer durante diez años dirigiendo la Galería El Callejón, anexa a la Librería Central, funda la Galería de Arte Moderno, que funcionó, hasta su muerte en 1987, en la calle 24 arriba de la carrera séptima. En esta galería expusieron los nombres más importantes de la plástica nacional e internacional  Y Samuel Muñoz fue uno de sus artistas más queridos.

El polifacético y multidisciplinario Casimiro Eiger Silberstein nació en 1909, en Varsovia (Polonia), y murió en Bogotá, en 1987, a la edad de 77 años. Doctor en Ciencias Políticas y Sociales en la Facultad de Derecho de la Universidad de Ginebra, también estudió Letras e Historia del Arte en la Universidad de la Sorbona, en París, hasta cuando los nazis iniciaron la guerra y alteraron las condiciones de vida en Polonia y Francia. Su madre y su hermano murieron durante la guerra, Eiger huyó de París y se estableció en Marruecos como refugiado. Viajo a América y deambuló por innumerables puertos del océano Atlántico y del mar Caribe hasta que en Curazao los representantes del estado colombiano le otorgaron la visa de inmigrante.

Llegó a Bogotá en 1943 y se desempeñó como funcionario de entidades polacas y como jefe de  servicios culturales de la embajada de Francia, profesor de francés, cultura y literatura francesa en el Colegio Mayor de Cundinamarca (1946-1959) y en el Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia, (1956 y 1958), y como catedrático de Historia del Arte en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia en la Escuela de Arte Dramático, entre 1959 y 1964.

En la Radiodifusora Nacional de Colombia dirigió y presentó el programa semanal Exposiciones y Museos, en dos etapas: la primera, entre 1948 y 1955, y la segunda, entre 1959 y 1960. En la emisora HJCK, de Álvaro Castaño Castillo, ejerció como comentarista de cultura, entre 1955 y 1956. 

En 1955 fue miembro de la Junta Directiva que inició el proyecto de creación del Museo de Arte Moderno de Bogotá, en compañía del ministro de Educación Aurelio Caicedo Ayerbe, Álvaro Rubio, Alejandro Obregón, Elvira Martínez de Nieto, Gabriel Serrano y Aristides Meneghetti.

También participó como jurado en diferentes eventos, escribió para diferentes medios de comunicación como El Tiempo, Semana y La Razón, entre otros. Cuando ya era un cadáver ambulante, en 1987, el gobierno nacional le otorgó la Orden Nacional al Mérito en las Artes y en las Letras, en el grado de oficial.

Los manuscritos de sus textos críticos  se conservan en la Sección de Artes Plásticas de la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá.

Marta Traba y Casimiro Eiger fueron los descubridores del talento de Samuel Muñoz. Eiger fue el principal promotor de su obra. Prueba de ello son las exposiciones colectivas e individuales a las que fue invitado el esquivo pintor Muñoz.

Desde la inauguración de la Galería en 1961, Samuel Muñoz participó en exposiciones colectivas con los más importantes artistas colombianos representantes del arte moderno.

En noviembre de 1968, en la madurez de su trabajo, realiza su primera exposición individual con todos los bombos y platillos. El joven intelectual Luis Carlos Galán, quien por la época tenía 25 años y quien luego sería Ministro de Educación, presentó la exposición. A esta exposición asistió la flor y nata de la cultura de la época y sus cuadros fueron rapados a la velocidad del relámpago. El día de la inauguración, el 14 de noviembre, el diario El Tiempo de Bogotá publicó lo siguiente: “Ya de regreso a su patria, Samuel Muñoz, desconocido del público, participó en una exposición colectiva en la Galería de Arte Moderno, de las que dicha institución consagra cada año al descubrimiento y al fomento de los talentos nuevos. Y fue entonces cuando sucedió lo inesperado. El joven artista de nombre ignorado obtuvo el más resonante éxito, su arte convenció a numerosos “amateurs”, quienes desde entonces, comenzaron a disputarse las obras del juvenil pintor, colocándolas entre las colecciones más selectas de Europa y de los Estados Unidos. Y desde luego, de Colombia.

“Y finalmente el tema. Muñoz es pintor figurativo, aunque deforme y utilice fuertemente la realidad; su inspiración se concentra principalmente sobre el mundo de los niños, que representa incansablemente en las más variadas posturas. Mas lo notable en este caso es que esa pintura centrada sobre la infancia no ostente ningún rasgo sentimental, y si conmueve al espectador es por la armonía que logra entre el ambiente que plasma y la forma plástica que sabe imponer a su imaginación. La que podría denominarse “poesía”, si todo propósito literario no estuviera completamente ajeno a la intención del pintor.” (…)

Luego, el domingo 17 de noviembre, el diario El Tiempo de Bogotá, en Lecturas Dominicales, publicó, en la página 6, fotografías del pintor y de su obra tomadas por Abdú Eljaiek, y un interesante texto, sin firma, del cual extractamos lo que consideramos más pertinente: “La revelación de un artista tiene siempre algo de fulgor de una estrella. Su estallido se produce millones de años atrás, pero su luz llega hacia nosotros, clara y reluciente, con toda la sorpresa de la novedad. Su estallido se produce millones de años atrás, pero su luz llega hacia nosotros, clara y reluciente, con toda la sorpresa de la novedad. De manera igual el surgir de un artista se remonta a un despertar lejano seguido por un trabajo de muchos días, lento y callado, por una depuración despaciosa e invisible de sus rasgos característicos, por un intento de adecuación de la personalidad a los medios expresivos, por una maduración interior y el perfeccionamiento técnico. Y todo ello nos llega a la vez, de manera inopinada y sorpresiva, junto con la obra más o menos abundante que no esperábamos y nos abre, como por encanto, nuevos horizontes de belleza.

“El nacimiento del fenómeno Samuel Muñoz se originó en realidad hacia varios años (…) la seducción sin artificio de su temática, la viveza de su color, la audacia de sus manchas tonales al lado de un propósito como escondido y de tono menor. Nos abrían un mundo de poesía, sin pretender a un mensaje.

“Tiene estilo (…) Un color altivo, lleno de sangre y de vida, color que lo  invade todo y se desborda por entre los contornos., sin romper, desde luego, la unidad de la composición.

Los azules, los rojos vivos, los naranjas, salpicados atrevidamente por unos blancos enceguecedores, se unen en una armonía que no posee quizá en igual grado otro pintor nacional. Un artista extranjero afirmaba un día, al hablar de los pintores colombianos, que estos carecen por lo general de color. Que en unos es pálido y yerto y en otros exagerado y estridente, sin lograr la concordia indispensable. Samuel Muñoz parece haber roto esta deficiencia –si la hay- y su pintura nos habla principalmente a través de una opulencia de colores (…).

“(…) Pero lo milagroso, lo realmente notable de la pintura de Samuel Muñoz es que estos logros formales no opacan, no sustituyen el contenido sensible o dramático de sus producciones. Muñoz pinta incansablemente la figura humana, principalmente la de los niños, y sus cuerpos deformados o estilizados y nada naturalistas no dejan, sin embargo, de tener una relación secreta con la realidad. Ofreciéndonos su presencia como algo obligado. Se podría hablar de poesía. Pero toda obra grande posee un hálito de poesía y se ha abusado en demasía de la palabra “poético” al hablar de todo arte lleno de utilería que pretende despertar nuestra facultad de ensoñación. En la obra de Muñoz las siluetas de los niños, las muñecas, cometas, guitarras, los gorros de papel son ante todo elementos plásticos. Si nos agradan por su forma, si excitan en nosotros reminiscencias o sugerencias poéticas, ello se debe a su autenticidad, a que su cariz infantil, o musical, o tierno nos envuelva de su presencia sin desviarse por los lados de la literatura. Y que –sin salirse de su papel de pintura, nada más que de pintura- nos devuelva a nuestra inocencia original”.

Luego,  en agosto de 1972, después de participar en tres exposiciones colectivas con lo más importantes artistas de la plástica colombiana, Samuel Muñoz expone, en la sala principal de la Galería de Arte Moderno, 32 óleos en formatos pequeños y medianos que son rapados, otra vez, por los coleccionistas. La exposición la presentó el poeta Eduardo Carranza quien escribió un poema que dedicó al maestro Samuel Muñoz que dice así:

Niño dormido

…Casi todo alma…
M.M.

Al pintor Samuel Muñoz

Este niño dormido está dormido
como un niño dormido. Anda en puntillas
un silencio de ángeles dormidos.
Tras de su frente calla lo pasado
como una melodía detenida
en el pecho de un pájaro.
(Cierra los ojos. Anda
aire del alma adentro.
¡Jardines los que pisa,
aroma el que delira
nimbado por sus nubes
y lunas interiores¡)
Al niño le han bajado las pestañas
para cubrirle el alma.
Este niño dormido está dormido
En su reino esfumante.
Bajo su frente el porvenir espera.
Inclinado a la orilla de su sueño
El tiempo no lo toca.
Y sin hablar la música lo mira.

Eduardo Carranza

El periódico el Tiempo, el día de la exposición publicó el siguiente texto:

“Es Samuel Muñoz un fenómeno aislado en nuestro medio. Dedicado enteramente a la pintura, ha sabido en un esfuerzo solitario crearse un estilo propio y sin conexión con el medio ambiente, sin dejar de ser sin embargo pintor moderno, audaz en su factura y vibrando al unísono con las inquietudes del momento. Porque Muñoz ha sabido a través de su sensibilidad agudizada por un viaje a Europa y un tiempo bastante dilatado de especialización en Italia percibir y plasmar la poesía de la niñez, sin caer en el sentimentalismo y la blandura y expresarla con su melancolía, su ocasional angustia, su desamparo, evitando -¡cosa excepcional!- el mensaje de la “pintura social” y lo cursi del arte “para la sociedad”. Y todo ello dentro de una factura rica y suculenta, lograda hasta hace poco casi exclusivamente a base de un color voluptuoso y jamás estridente y, últimamente con apoyo de fuertes volúmenes de carácter arquitectónico que refuerzan y subrayan la arquitectura del cuadro. Agregándole fuerza a su encanto original”. (…)

En 1985, el esquivo maestro Samuel Muñoz, vuelve a exponer individualmente en el Club de Banqueros, muestra organizada por Casimiro Eiger de la Galería de Arte Moderno de Bogotá. La muestra fue presentada por Jaime García Parra, Ministro de Comunicaciones y amante de la pintura.

La prensa, no sé exactamente en que periódico escribió lo siguiente: (…) “Colorido cálido y opulento, uno de los más atrayentes que haya logrado pintar alguno en Colombia. Enérgico pero sin estridencias, el colorido del pintor le otorga vida a sus composiciones, las cuales además se caracterizan por la estilización creciente de las formas, dedicadas a traducir su tema preferido –los niños en diferentes manifestaciones- y la figura humana en general.

Bañados en un ambiente de ternura y melancolía y sin embargo sin sentimentalismo alguno, los cuadros de Muñoz nos traen la imagen de una humanidad real, aunque nunca expresada con medios realistas, constituyendo un logro casi único en la pintura colombiana. De allí el éxito que el pintor haya alcanzado entre los conocedores de otras latitudes quienes encuentran en la pintura de Muñoz unas reminiscencias de Colombia, lejos desde luego de la fidelidad fotográfica y transformados en creación de índole estética.” (…)

El miércoles dos de octubre de 1985 realizó una muestra individual en la Galería Austral. Esta galería, dirigida por el pintor nariñense Carlos Santacruz, invitó a presentar la muestra a Hisnardo Ardila Díaz quien por la época se desempeñaba como alcalde de Bogotá.

La última exposición individual la presentó en la Galería Austral y fue inaugurada el 29 de octubre de 1992.

Algunos, que escasamente miran, leen y escriben, piensan que la obra de Samuel Muñoz se parece a la de Carlos Santa Cruz, pero yo creo que es al revés, mejor dicho a la visconversa. El burlador burlado como decía Marta Traba refiriéndose a los autores de las cosas inexplicables.

Hoy, seis años después de su muerte, el esquivo maestro Samuel Muñoz está en el Museo Arte Erótico Americano MaReA. Su viuda, Paulina Guarnizo, y su hijo, Sergio Muñoz Guarnizo, nos facilitaron su archivo personal para realizar este homenaje, y para realizar esta exposición virtual que está a la venta. ¡Pilas!

 
       
Samuel Muñoz
       
 
     
             
           
 
   
               
 
 
                     
 
 
                 
 
 
               
 
     
 
 
 
 
 
 

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