Pasión por el desnudo

Por María Paulina Ortiz
     
 
 

Aunque no es bien visto por la mayoría, el arte erótico sigue estando presente entre los artistas.

LO QUE ES EL AMOR PARA EL POETA y los narradores, lo es el desnudo para los pintores” dijo el francés Paul Valery. La contundencia de la frase se ratifica con un vistazo, un rápido vistazo, a la historia del arte.

Difícilmente un pintor ha escapado a la tentación de pintar un desnudo, así sea para dejar el boceto guardado en lo más íntimo de su estudio. Pasa lo mismo con las escenas eróticas. Caravaggio, Botticelli, Velásquez, Goya. Matisse, Richter, Balthus, Magritte, Picasso, Dalí. El erotismo, desde miles de años antes de Cristo, hasta hoy, hasta mañana, ha estado vivo en el arte. Para recordar en el país, por ejemplo, están las obras precolombinas. La historia de los tayronas está relacionada con el culto fálico como símbolo de la fertilidad, manifestado en piezas talladas en madera, en piedra, en cerámica. La cultura Sinú representaba a sus mujeres con las piernas abiertas mostrando el sexo y a parejas copulando. La Tumaco usaba penes erectos hechos en cerámica como asas de sus platos. En fin. Basta pasearse por el Museo Arqueológico o el Museo del Oro. ¿Tenía esto sólo un contenido ritual o también erótico? Para los españoles que llegaron hace más de quinientos años, con la fe católica como bandera, y tabúes que no se conocían entre las comunidades indígenas, eran definitivamente eróticos. Es más, pornográficos. Esta clase de tabúes se instauraron en casi todas las sociedades y hoy día, incluso, muchas personas se niegan a ver de frente una obra de arte que represente una escena erótica.

¿Qué hace, entonces, que algunos pintores se dediquen tercamente a este tema? ¿Al erotismo, al desnudo? En Colombia importantes artistas plásticos han estado vinculados a esta temática. Luis Caballero, Darío Morales, Carlos Granada, Leonel Góngora, son algunos de los nombres que hicieron del desnudo el eje de su obra. La lista es larga, y el barranquillero Ángel Loochkartt forma parte de ella. Los travestis y las prostitutas han sido su centro de interés, como personajes que le dan inmensas posibilidades de desarrollar en su pintura. Sus gestos, sus pinturas, la máscara que les impone la noche…”Para mí no son personas derrotadas, al contrario, están llenas de creatividad·, dice Loochkartt sobre sus modelos. Él ha entrado en ese mundo de la calle para capturar con su mirada lo que más le sirve para su arte. Ha aprendido a descifrar sus señas, sus guiños, los gestos que vienen antes y después de la seducción. “El sencillo acto de fumar, ellos lo hacen distinto: pasean el cigarrillo por sus manos como una virtud”. En su estudio, situado en el corazón del bario La Candelaria, en Bogotá, hay cuadros por montones. Sentado frente a uno de ellos, Loochkartt acepta que el erotismo aún no se acepta con reparos. “Algunos ven mis cuadros como algo sórdido”, señala, pero no por eso deja de interesarle.

FERNANDO MALDONADO ES OTRO de los pintores colombianos que trabaja el erotismo. Sugerir, más que otra cosa, es lo que pretende lograr tanto en sus cuadros como en sus cómics eróticos, lenguaje que le ha interesado desarrollar porque le permite crear una narración con principio, desarrollo y final. Maldonado realiza la mayor parte de su trabajo de memoria y cuando se enfrenta a una composición compleja, es su esposa quien le sirve de modelo. “El erotismo es una temática que le interesa a todo artista. El refinamiento que tenga va a depender de cada autor. Dedicarse a esto en el país es difícil, es un escándalo”, comenta Maldonado, graduado en Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. De hecho a su estudio acuden ejecutivos interesados en adquirir algunos de sus cuadros. Pero la mayoría termina dando la misma respuesta: “Quisiera comprar la obra, pero me meto en un problema con mi esposa si llego en el cuadro a la casa”.

Por eso algunos optan por pintar, pintar y pintar, pero no con criterios comerciales. Así lo hace Fernando López Michelsen, hermano menor del ex presidente Alfonso López. “Me gusta pintar mujeres”, dice, y no tendría necesidad de decirlo: en su casa y en su taller de Cajicá hay cuadros de mujeres en diferentes formas, en blanco y negro, en color. No usa modelos, aclara. (Por qué será que todos corren a decir que no las usan) A López le gusta experimentar con trazos arbitrarios, no sometidos a la rigurosidad de las formas del cuerpo. También ha pintado parejas en posiciones un tanto arriesgadas que él prefiere no explicar. Tan solo señala su título: Polvo.

PERO EL EROTISMO NO TIENE NADA QUE VER CON LA PORNOGRAFÍA. Todos lo dejan claro. “la pornografía no tiene arte, es lo que está mal hecho” afirma Fernando Guinard, quien ha estado dedicado al erotismo en el arte desde hace años. Es, en efecto, el creador del Museo de Arte Erótico Americano MaReA, y coautor de quizás, el único libro que realiza un recorrido erótico por el arte nacional, El Espíritu Erótico.

Guinard ha apoyado la carrera de jóvenes artistas a quienes el trema les interesa. Sandra Guerrero de 33 años, acaba de exponer en el marea un conjunto de sus cuadros donde el erotismo estuvo presente. “Me gusta desarrollar en poses naturales, nada retorcido, muy humanas, que despierten algo en el público”. Que sugieran. Esa parece ser la intención esencial de estos artistas para quienes el erotismo es su mejor lenguaje. Que la revelación que hacen de lo íntimo, de lo oculto, esa mirada suya a lo prohibido, tan voyerista, se traduzca en sentimientos al espectador.

María Paulina Ortiz. El Espectador, La Revista, No 128,  págs. 30, 31, 32, domingo 29 de diciembre de 2002.

   
       
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