Pinturas y Poesía Erótica

Por Germán Vargas
   
 

Una nueva prueba de la excelencia en los libros editados no sólo en forma decorosa sino con verdadero lujo y magnífico papel es el publicado en fecha muy reciente por Taller De-Mente Colombiano. Su título es El Espíritu Erótico y sus autores por “orden de aparición”, Fernando Guinard, Jotamario y Álvaro Chaves Mendoza. En la portada, a todo color, se reproduce un fragmento de El pintor y la modelo, famoso cuadro del cartagenero Darío Morales, a quien el libro está dedicado. En la portadilla hay un dibujo) carboncillo sobre papel) del artista bogotano Carlos Rojas.

La concepción y dirección del hermoso libro es de Fernando Guinard, la antología poética fue seleccionada por el poeta nadaísta Jotamario y el diseño lo hizo Mario Gordillo. Fue primorosamente hecho en Cali por Talleres Gráficos de Impresora Feriva en 207 páginas que incluyen un índice alfabético general. El antropólogo Álvaro Chaves Mendoza es autor de un interesantísimo texto sobre el erotismo prehispánico, y José Chalarca escribió otro titulado El erotismo del yo. Hay también una bibliografía.

En la nota de presentación de El Espíritu Erótico, Fernando Guinard dice que el libro “es un concubinato semiótico o unión libre entre la plástica, la poesía colombiana y la poesía de otras geografías y otras épocas”. Agrega que se trata de un “divertimento dedicado al hombre erótico y los amantes estéticos”. En notables reproducciones en colores están obras de 70 artistas colombianos que van desde Baltasar de Vargas Figueroa hasta pintores que empezaron no ha mucho tiempo a exponer sus cuadros. Y también ceramistas precolombinos anónimos.

Entre los pintores están representados Acuña, Acuña, Obregón, Grau, Alcántara, Barrios, Caballero, Morales, Rojas Herazo, Garay, Santamaría, Giangrandi, Tello, Salcedo, Amaral, Díaz Vargas, Lugo, Jiménez, Débora Arango, Gómez Jaramillo, Granada, Pedro Nel Gómez, Manzur, Loochkartt, Villegas, Góngora, Augusto Rivera, Saturnino Ramírez, Oscar Muñoz, Omar Rayo, Augusto Rendón, Diego Pombo, Hernando Tejada y muchos más.

La poesía erótica de producción nacional la suministran Jotamario, Gonzalo Arango, Jaime Jaramillo Escobar, Amilkar Osorio, Eduardo Escobar, Darío Lemos para nombrar primero a los nadaístas. Porque también lo hacen José Asunción Silva, Porfirio Barba Jacob, León de Greiff, Gaitán Durán, Ciro Mendía, Mario Rivero, Darío Jaramillo Agudelo, Juan Manuel Roca, Luis Carlos López, José Manuel Arango, Germán Espinosa, Juan Gustavo Cobo Borda, Harold Alvarado Tenorio y varios más.

María Mercedes Carranza, Orietta Lozano, Agueda Pizarro, Ana Milena Puerta figuran con poemas entre las mujeres. Cada una y cada uno con un solo poema. Exceptuando el poeta costeño Raúl Gómez Jattin, a quien Jotamario le hace “un gozoso reconocimiento” se le publican seis poemas y se le califica como “el gran poeta erótico de Colombia”.

En cuanto a los poetas colombianos -que fueron incluidos por sugerencia de Jotamario, ya que inicialmente el proyecto era el de hacer El Espíritu Erótico sólo a base de poetas del país (sic), “de lo que da la tierra” de “lírico del amor desnudo” lo son de diferentes épocas y de varias nacionalidades. Partiendo de Pietro el Aretino y Francisco de Quevedo para llegar a los mexicanos Homero Aridjis y José Emilio Pacheco y los estadounidenses Allen Ginsberg y Charles Bucowsky, pasando por Walt Whitman, Octavio Paz, Federico García Lorca, Guillaume Apollinaire, E. E. Cummings, Heberto Padilla, Günther Grass, Tennessee Williams y hasta Santa Teresa de Jesús.

En su divertido texto Jotamario dice que “…ocurre que ahora son las mujeres quienes con más atrevimiento se mueven dentro de la lubricidad lírica” y que “la poeta mujer –que no poetisa- se llena de entero a la sensación desaforada en sucesivos orgasmos letrados, como si acabara de salir de la represión española para entrar en el empelote, o como comprobación desilusionante de que su “muso” colombiano no le hace cosquillas tras las caricias”.

Y sucede que el fenómeno no es de ahora sino de muchos años, como puede observarse en una lectura de las poesías de Laura Victoria, de Dolly Mejía, de tantas otras. Y entre las de “muso” no colombiano podría mencionarse a Alfonsina Storni, a Delmira Agustini, a Juana de Ibarbourou, a muchas más.

Aparentemente, se puede considerar como un olvido la ausencia del poeta barranquillero Miguel Rasch Isla, autor de un poemario totalmente erótico  -La manzana del Edén- aun cuando tal vez Jotamario alegaría que “se husmearon cientos de poemas con tendencia a la morbidez, y se encontró por lo general, un nivel menor de calidad que el de los temas habituales: el amor en seco, las añoranzas frescas, las rutinas urbanas, los conflictos portátiles del país”.

La verdad es que se trata de un muy hermoso libro. Para leer y para ver con detenimiento: El Espíritu Erótico”.

Revista Cromos, Libros y Autores, edición 3791, página 38, 24 de septiembre de 1990.

 
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