“Soy un teórico práctico de la masturbación”.

Su primera revelación fue un sueño erótico: Margarita Rosa de Francisco, Amparo Grisales, y él, haciendo el amor.

Las dos divas, en lo más explosivo del ejercicio del himeneo, lo tumban de la cama. En la caída el hombre se da un fuerte golpe en el coxis y de repente se le aparece una virgen.

La virgen le pide que para contrarrestar el olor a cadaverina que se respira en Colombia, invente y realice obras que muestren el lado amoroso, sensual y erótico de los colombianos.

Se pone a órdenes de su majestad Eros. Desde ese momento se dedicó al mundo del arte como marchand, y después como editor de obra gráfica, editor de libros de arte, curador, gestor de proyectos culturales e investigador.

Anoche abrió en Bogotá, en el marco de la I Bienal de Amor & Éxtasis, en las  instalaciones de Iber Arte Galería,  las puertas del Museo de Arte Erótico Americano, un viaje por el erotismo colombiano con todas sus alucinaciones y perversiones (…).

Esta es la historia de Fernando Guinard, un sátiro con anteojos, que ha bebido en todas las fuentes del amor y el erotismo; coleccionista, enciclopedista, cultor de las redondeces mórbidas femeninas y un teórico practico de la masturbación.
 

¿No será usted un viejo verde maestro?
Pues más que un viejo verde, como dijo un poeta, me considero un anciano maduro.

Cómo fue su despertar erótico?

Fue cuando estaba interno en el colegio. Hasta ese momento nunca me había masturbado. Entonces, con Marisol –la cantante española, desnuda y dispuesta en mi mente, lo saqué, lo acaricié y de repente un misil lleno de vida hizo explosión en el techo. El cuarto tenía una altura como de tres metros

¿Se acuerda cuando a uno le decían que masturbarse era pecado y que ese pecado se pagaba con el fuego eterno?

Pues a mí no solo me decían que masturbarse era pecado sino besar y tener novia, pero por fortuna como siempre he sido un escéptico, nunca le tuve miedo a la condenación eterna. Y además, a los trece años compré las indulgencias plenarias.

¿Con quien perdió la virginidad?

Con una coperita de un café de chapinero donde jugaba billar de niño. Me llevó a un hotel de San Victorino, y yo desnudo temblaba pero no de frío si no de susto.

Nada más intenso y excitante que un polvo furtivo, ¿verdad maestro?

Debo confesarle que a mis años todos los polvos son furtivos; porque es preferible comer ponqué acompañado que comer m… sólo.

¿Le gusta la mujer vieja?
  
La única mujer vieja que me gusta es mi mamá.

¿Cómo le gustan los ombligos?
Como diría nuestro poeta Gonzalo Arango: Me gustan los ombligos que son la capital del mundo.

RICARDO RONDÓN. Mundo Loco, Loco. El Espacio, jueves 23 de noviembre del 2000.
 
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