Una bella en las Bellas Artes

 Por Fernando Guinard

Mientras en la primera de 1989, Kandinski exponía por primera vez en la Unión Soviética, la pintura ucraniana, Irina Blinova, en un ámbito surrealista, sentía los cambios dialécticos del realismo socialista al capitalismo salvaje.

En la época del inmovilismo, cuando la burocracia pictórica quería doblegar las conciencias y ponerlas al servicio del sistema, Irina Blinova aprendió el oficio, pero nunca declinó su voluntad para recrear la realidad.

Sus personajes, con desfachatez, se paseaban sobre maniquíes o santos de vestir con ingredientes eróticos y fetichistas tan ricos como son los creados por la imaginación de los niños cuando dan vida a los juguetes y a las máscaras.

El azar, el amor, y el erotismo del trópico la anclaron en Colombia. Con acuarelas y pinturas desbocó esa temática, producto de las diversas personalidades de una mente con amplios servicios informáticos en el consciente y en el inconsciente.

Frente al capitalismo Irina Blinova tampoco sucumbió a las leyes del mercado. Su pintura tan surrealista como es el salto mágico del capitalismo salvaje al surrealismo psíquico expresa los ensueños y realidades de una bella y rica pintora y pintura que se exhibe en el trópico y desnuda sus conceptos.

Texto publicado en el catálogo de Irina Blinova, Bogotá, 1994.

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